viernes, 13 de abril de 2018

Promesas

Jueves había caído absurdo. Casi, desapercibido. Un día como cualquier otro
Los sórdidos latidos de mi pecho me habian hecho eco, muy dentro, se iba clavando de lado a lado
Como una flecha que rompió fondo. La vi venir desde el horizonte, desde de lo más lejano
La punta se fue hundiendo en mi pecho pasando el medio día, a medio modo y poco a poco.

Los sinsabores me calaban desde la espalda hasta la paranoia; desde mi ceño hasta mi costilla; desde las canciones hasta la premisa
Había escuchado de problemas serios, nunca algo que no tuviera solución
Sin embargo, las manijas del reloj me cortaban la garganta, me cortaban la memoria
Los chirridos arañaban fuerte desde el estómago, cada vez más fuerte, casi estallando el corazón

El amargor de la bilis me había pintado los labios de blanco
Mis ojos inquietos miraban hacia el cielo buscando una respuestas
Y por dentro, la herida se iba abriendo, la flecha poco a poco, paso a paso

El ánima iba y venía, cruzaba horizontes, buscaba caminos, siempre era lo mismo
Fue ahí cerca de donde el mar termina cuando las garzas levantaron vuelo
Fue entonces que la vi, llegar a lo lejos, vestida como el cielo y el café de su abetos
Se me abría el plexo y me tronaba el ego mientras que en su cuerpo hablaba de un destino

De haber querido, nunca habría sido suficiente, no lo ha sido para mí
Las palabras se fosilizaron en los pliegues de mi mente
El vuelo de las garzas se veía tan lento y la flecha terminó de entrar en mí
La abracé y le di un beso en la frente. Por unos instantes ya no hubo ruido, ya no hubo gente

Nada que fuera real pudo haberme hecho pensar lo contrario, solo era un sueño y yo solo quería despertar
No ha sido suficiente para mí. Porque en ese momento me abandoné y me cerré
No sabía de mí, no sabía de nada. Para mí eso era el fin y después de eso nada
Después de ti no ha habido nada
Después de ti ya no hay nada
Ya no hay nada
Nada

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