Es imposible para mí no asociar los caminos
Las señales llegan vislumbrando mis pensamientos corriendo en círculos
Hace tanto tiempo de aquel reposo, que mis recuerdos oníricos lucen distintos
He perdido completo control sobre el hartazgo, perdido hasta el hastío
Por fin llegados, ante la completa calma, me despiertan los malditos
Traen ante mí promesas cenizas y momentos extintos
El rostro se me pinta de mil colores, vuelvo a este plano y grito en silencio
Me encuentro en cama a solas, cobijas multicolores me llenan de vacío
Ni siquiera las aves cantan, el rey no se asoma, ni su corona, ni su sufijo
Solo el influjo, solo todos estos ríos, solo este alarido al cielo... Un rugido al viento
La señales de encienden. Emprendo el viaje. Aún veo las ruinas en el camino
Vienen, una vez más, a mis ojos sin brillo. Humedecen mi seno y me inundo por dentro
Traigo el corazón herido. No puedo ver por donde piso. Ando por inercia y no miro
No importa este llanto, a veces la cima pero esta vez, para morir he nacido
Y tengo miedo, un especial miedo en mi, dando vueltas, siguiendo mi recorrido
Huele a derrota y su escolta ha salido de su escondrijo. Me atrapa el maleficio
Y es que tal vez no tengo miedo, pero esta cicatriz me recuerda lo que dijo
Ya no aguanto, ya no puedo, ya no quiero
Ya no hay cielo, ya no hay niños, ya no hay nada
¿Que traerá la pesadilla 182 consigo?
Las ruinas del castillo, sus grandes ojos finos
Volverá con acertijos, el final de su toque femenino
Un futuro hecho añicos, el letargo ostentoso y sucio que vestían su identidad y desnudaban su ser imperfecto...
Tan imperfecto que siempre creí
Siempre que era perfecto para mí
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