domingo, 1 de abril de 2018
De vuelta a la niña roja
He venido hasta aquí... Con una sentencia de dolor y muerte. Recuerdo el alarido hirviendo entre sus pulmones que arañaban mi mente estrujada por temor. Todavía en mi mente se vislumbra el sacrificio de sangre y la sangre que ensució el templo yace aún postrada entre cadáveres sin nombre. Puedo ver el de la niña... La pobre niña. Hube que romper su cascarón para que escapara de mi mundo. Y la dejé ahí, en la deriva. No importó nunca ensuciar mi nombre. No importó nunca ensuciarme las manos. Los tiempos actuales traen consigo remembranzas de aquella que me revivió el espíritu y dejamos varada en el universo.
Ahora miro hacia las estrellas para estudiar el movimiento de astros y ahí está. Encendida, dando luz a su imperio de planetas, cometas y polvo de estrellas. Logró hacer estallar de nuevo su orbe y ha creado un sistema planetario aún más impresionante. ¡Asombroso! Bastó solo con echar una mirada hacia el sur para darme cuenta de ello. Los caminos por los que he decidido andar siempre traen consigo eso. Siempre me he equivocado con ellos.
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