martes, 28 de octubre de 2014

Frases

"Para una mente organizada, la muerte es más que la siguiente aventura"...
"El problema es que los humanos tienen el don de elegir precisamente las cosas que son peores para ellos"...
 "Haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que nos amó no esté, nos dejará para siempre una protección"
"Hay que tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos"
Dumblodore, Albus. Harry Potter y la piedra filosofal

"Es la vieja y desigual lucha entre la crítica y la creación, el saber y el arte. Y mientras los representantes del primero pueden haber tenido siempre razón, sin beneficio para nadie, los otros han continuado esparciendo las semillas de la fe, del amor, del consuelo y de la belleza. Por que la vida es más fuerte que la muerte y la fe más poderosa que la duda." Bajo la rueda. Herman Hesse.

"la felicidad en estado puro, brutal, natural, volcánico, que gozada, era lo mejor del mundo... Mejor que la droga, mejor que la heroína, mejor que la coca, chutes, porros, hachís, rallas, petas, hierba, marihuana, cannabis, canutos, anfetas, tripis, ácisos, LSD, éxtasis... Mejor que el sexo, que una felación, que un 69, que una orgía, una paja, el sexo tántrico, el kamasutra, las bolas chinas...  Mejor que la nocilla y los batidos de plátano... Mejor que la trilogía de George Lucas, que la serie completa de los Teleñecos, que el fin del Milenium... Mejor que los andares de Ally Mcbeal, Marilyn, la Pitufina, Lara croft, Naomi Campbell y el lunar de Cindy Crawford... Mejor que la libertad..  Mejor que la vida" Juego de niños.



sábado, 18 de octubre de 2014

El fin

Siempre dicen que la mayor fortaleza de un todo, es su mayor debilidad. Puedo divisar ahora por qué el que dijeran que moriría tan joven... No puedo verlo como el inicio de algo porque lo que veía como una extensión de mí se marchitará muy pronto y no volvería a retoñar en está vida. A menos que la gran dama me muestre la gran victoria sobre la muerte. Estaré tranquilo entonces.. Podré seguir entonces... Y hasta entonces... Quedaré varado expectante, como quien espera recibir su sentencia... Vida o muerte

viernes, 17 de octubre de 2014

Tipo de Soles

Un sol azul... ¿Dónde se habrá visto? El fuego azul es el mejor, el más fuerte... Sí. Quizás no sea el mejor por ser el más fuerte pero sí el más hermoso. Aunque comparado con un sol rojo, esté azul queda corto, siempre el sol rojo será testigo del incendio en los corazones de los mortales que tontamente se contonean en estelas de contrastes, de luces y sombras... Y más sombras. Si bien el azul es lindo, el rojo abate todo lo bello porque él es quien pone el estándar de belleza. El sol azul inclina su corona ante el débil fuego de un sol rojo, porque logra sentir en él los claroscuros de ir lento, de quemarse eternamente poco a poco. Mientras que el sol azul se incendia a una velocidad mayo, con más fuerza, generalmente su tiempo de vida es más corta que la de un sol rojo. El sol rojo vive mucho más...

Y un sol amarillo, ellos son tibios. Ni fuertes ni débiles, ni viejos ni jóvenes, ni fríos ni hervientes... Son, "los risitos de oro" del universo entero.

jueves, 16 de octubre de 2014

Debajo del mar

Por aguas intranquilas el mejor marinero saltó al agua para rescatar a su amada. Nado mucho y recorrió las mil leguas marinas para hallarse solo y aturdido entre el infinito mar. No había otra cosa que no fuera agua y cielo, que se fundían a lo lejos en un horizonte que galopaba entre olas y un crepúsculo que solubilizaba al cielo en el mar, y este último, parecía deborarse al sol entero. Llevándolo consigo a sus más obscuros secretos, Sus más obscuros secretos. El marinero, ahora llevaba días sin poderla encontrar, solo flotando... Varado en la inmensidad de un desierto flotante. A lo lejos se divisaba un pequeño punto, entre juegos de sombras y el sonido del agua. Nadó con furia para llegar hasta aquel punto, que se volvió una mancha, que se volvió una silueta, que se volvió una persona. No podía con la emoción de pensar que fuera ella. Pero no lo era. Parecía un cadáver, un cuerpo maltratado con las ropas rasgadas y el semblante desdibujado. en sus manos habían 3 onzas de plata y un papel con un mensaje con la tinta corrida, ilegible y un rostro que le recordaba a sí mismo. El marinero se acercó más para asegurarse de si estaba muerto o podía despertarlo y entonces ocurrió. El cielo furioso se tornó de azul a gris, y de gris a negro. Las aguas en las que flotaban también obscurecieron y comenzaban a agitarse, los relámpagos partían en dos al agua, en tres y en mil partes. Cada vez que esto ocurría una ligera nube se formaba y se desintegraba para caer sobre sus cabezas. Aquellas gotas golpeaban muy fuerte en la cara y les entraba hasta por la nariz. El viento impetuoso y salvaje arrastraba esas gotas y les cortaba la cara con el mismo aire, pero lo que más le preocupaba al señor marinero no era aquello que parecía el fin del mundo, sino sentir que pisaba algo, algo muy liso, muy escurridizo algo enorme. ¿Un delfín? ¿Un calamar? ¿Un tiburón? Aquello era una cosa peligrosamente descomunal, el equivalente al tamaño de la cancha de fútbol soccer. Su rostro se empalideció, no tenía frío pero temblaba como cuando la tierra mueve sus placas tectónicas, una lengua helada le lamía toda la espina y por un momento, quedó petrificado, inmóvil como si aquello que estuviera bajo el agua no viera el movimiento. ¿qué otros misterios podría tener consigo el mar inmenso? ¿No era suficiente ya con deborar al Sol? Y por si fuera poco había algo más que de súbito le golpeaba entre la espalda y la nuca ¿Qué podría ser? ¿Quién se atrevería a darle todavía más preocupaciones? Giró la cabeza hasta casi desnucarse y el largo de sus cabellos le impedía ver lo que le había golpeado en la superficie. Ese desespero, de no saber hacia donde se busca casi termina por matarlo. En su cabeza no hallaba más pensamientos que los de la muerte, pensado que era algo inevitable, pensando en lo que sería de ella sin él... Y del inminente fin de él sin ella. De pronto sólo retomó la calma, se irguió para nadar mejor se recogió los cabellos y entre las luces que le regalaba los rayos en esa tormenta vio lo que le había golpeado por la espalda... -¿Una llanta?- exclamó. ¿Sería una clase de broma? ¿De dónde saldría una llanta? Como quiera que fuese el caso el marinero tomó al náufrago por el cogote y se ayudó de la llanta para llevarlo consigo, pataleando para alejarse lo más posible de esa enorme mancha que nadaba en círculos por debajo de ellos, debajo del mar. Más rápido, más rápido, pataleaba con angustia, como en una pesadilla mientras más intentaba alejarse de ese monstruo más se acercaba, podía incluso sentir la piel de aquel ser con sus piel con cada patada que daba, era el fin. Seguía hacia ningún lugar para salvarse, cansado, arrastrando un rostro para él desconocido y con una piel lisa, húmeda y fría que invadía sus piernas y pies con perversión. Ya no podía más y para colmo, delante de él, aproximándose hacia él, hacia ellos otra enorme mancha por debajo del mar, igual o quizás más grande que la primera mancha y entonces se detuvo de patalear y miró hacia atrás para ver como la primera gran mancha se hacía más grande y delante de sí, saliendo del agua se le formaba un velo de agua entre los vientos cortantes, la lluvia, los rayos, el cielo negro y el rugido de la naturaleza no le impedían al marinero tener una esperanza, una pequeña esperanza entre tanta algarabía, entre tanto jolgorio, entre tanto y tanto. Se abrazo de su compañero de mar, de la llanta, de él mismo... Y cerró los ojos. Podía sentir como aquel monstruo lo subía, podía sentir como el agua le caía encima, como el agua le cortaba la piel, como los rayos le pasaban tan cerca que sentía como se erizaba su piel, como se le abrían los poros, a lo lejos parecía que ella lo observaba en un hueco en las nubes, juraba haberla visto por un momento, por un instante y entre tanto y tanto desfalleció, su vista se nubló y no supo más de sí o del mundo.


Al final... Él logró despertar encontrándose solo... La llanta, él y en su mano las tres monedas de plata... Y un bufido... Dos bufidos, Despertó en el lomo de una ballena, una ballena enorme. Cerca se encontraba otra enorme ballena que coleaba las aguas muy cerca de la ballena en la que iba montado. Y bufaban y bufaban pero de pronto ya no se hallaba en el mar, podía ver los árboles, los valles y las colinas, aún con el cielo grisáceo pero todo con más calma. Solo a lo lejos, muy a lo lejos, casi en el horizonte se formaban las aguas agitadas. En el punto en donde estaba el marinero era como un gran cubo que dejaba escapar el agua en el que estaban depositados las ballenas, la llanta y él. Poco a poco el nivel de agua que guardaba a las ballenas las descubría y dejaba a su piel para ser besada por el aire, secando su piel húmeda. El marinero, sintió gran alivio al encontrarse en tierra firme... Se sintió a salvo. Pero recordó a aquel misterioso náufrago ¿Dónde estaba? ¿Dónde habría quedado? No podría saberlo así. Tan hambriento, tan cansado. Finalmente el agua terminó por descobijar a las ballenas que seguían bufando, retorciendo sus cuerpos, implorando volver al mar. El marinero sintió la empatia hacia los cetáceos. Profunda agonía, gran desespero y en su semblante se dibujaba una infinita tristeza por las criaturas. No se veía que viviera alguien cerca, algún indicio de actividad humana era algo que no había alcanzado a rozar con aquella costa. De momento, se bajo del lomo de la ballena, guardó las monedas en una de las bolsas de su pantalón y se encargó de mantener frescas a las ballenas con el agua de un riachuelo que se encontraba cerca, haciendo surcos en la tierra para desviar el agua hacia los narvales, no era mucho pero así no sentía dejarlas tan desprovistas de agua. Entonces partió de ahí como un rayo, corrió como loco. De repente se detenía a girando la cabeza en todas direcciones, buscando algo que le fuera de ayuda. Algo o alguien. Como el sonido de algo celestial logró escuchar en ese llano escenario el ruido que producen las máquinas de combustión interna regidas por el ciclo de Carnot y corrió hacia tal para buscar asistencia humana, alguien que le ayudara a ayudar. Cuando llegó y logró ver la maquina está se apagó. Era un gran remolque vacío, con una enorme pala... No había ningún otro ser ahí, o alguien que atendiera al llamado desesperado del marinero. Éste, se dispuso a montar a la bestia de acero y caucho, sin embargo, no contaba con un sistema de acción como lo que él conocía. Por llave o botones. Tenía un orificio plano y debajo un letrero que decía "Deposite tres monedas". Entonces recordó las tres monedas de aquel náufrago. Cabrían a la perfección. Echó un vistazo alrededor para asegurarse de que hubiera alguien, pero seguía sin ver a nadie. Depositó una moneda, después la segunda y al introducir está el juego de botones del tablero de control se activaron, por último... La tercera moneda fue depositada y la máquina echó a andar su motor. Era como un monstruo que gruñía y dejaba escapar humo negro azulado de su interior. -Espero que no sea muy tarde- pensaba el marinero. Metió primera y echó a andar a la gran pesada máquina. No había nada que lo detuviera, no había camino, el camino se hacia en su andar. Aplastando los pocos cactos que en su camino encontraba. No iba muy rápido, pero era lo más rápido que podía andar. Cuando llegó al lugar de los cetáceos. No podía creer lo que sus ojos veían. Simplemente sus ojos devolvían lágrimas. Una de las ballenas había sido devorada por dentro. Únicamente quedaban la piel, los huesos y el gran agujero por donde se lograba ver la cavidad en donde alguna vez estuvieron sus vísceras. Mientras que la otra, ya casi no se movía, apenas y pelaba los ojos. Entonces bajó de la máquina y se colocó en su piel las ramas que habían cerca para aterrizar el impulso de la pala mecánica sobre la piel fría, lisa y seca de la ballena. Trató de cubrirla lo más que pudiera. Hecho esto monto de nuevo la máquina, maniobró un poco para acostumbrarse a usar la pala y el movimiento rotacional del aparato. Era algo torpe, estaba cansado y llevaba ya varios días sin dormir, a excepción por su desmayo sobre el lomo de la ballena que había sido devorada.

Puso manos a la obra y a la maquina acercarse poco a poco a la ballena, movía las palancas y presionaba botones para que la pala gigante se moviera y estuviera cerca de la ballena. Una vez cerca de ella trataba de no hacerle daño a su piel, que se quebraba cada vez más fácil en medida que el tiempo transcurría, ésta se iba deshidratando terriblemente. Cada vez su piel se hacía más frágil y era inevitable ya hacerle daño, cada vez que la echaba a rodar la pala le rompía la piel, y a su paso dejaba un rastro de sangre. Esto no debía desmotivar al marinero, ya que nunca perdió de vista su principal objetivo: Devolver la ballena al mar. La hacía rodar y rodar, hasta que por fin se encontró cerca del mar, si estaba a escasos 50 pies de la orilla, era decir mucho. -Lo logré- Dijo el marinero saltando de alegría. Un jaloneo de la maquina lo sacó de su nirvana cuando esta se apagó. Se terminó el combustible. Su vista se perdió por un momento y sollozó brevemente.  Recogió su mirada del piso y notó que la ballena lo estaba mirando, una mirada que reflejaba una infinita tristeza. Secó sus lágrimas con el dorso de su mano e irguió en su rostro el rictus de un hombre duro, de un hombre con carácter. Al intentar bajar de la máquina la puerta no abría, incluso había perdido la manija que servía para abrir la puerta, la única puerta que tenía la cabina. En lugar de eso se encontraba un botón rojo que decía "Pulse para salir". El marinero, sin pensarlo dos veces, lo presionó y cayeron las tres monedas de plata. Habiéndolas levantado del piso la puerta por sí sola, se abrió ante sus ojos. Terminó por empujarla de una patada y guardó nuevamente las monedas en su bolsa. Echó un brinco del enorme monumento de acero para caer a la arena parda de la orilla del mar, rodó y se puso de pie en dos movimientos. Al incorporarse corrió hacia la ballena quien aún seguía mirándolo. Se puso detrás de ella e intento empujarla. Espalda con espalda, haciendo fuera con las piernas, por choque con el hombro, nada funcionaba, nada movía al inmenso animal. El animal ya no se movía, ni bufaba. Solamente entre miraba al hombre que intentaba devolverla al mar. Lo vio levantarse y gritar, desgarrando sus ropas, lanzando blasfemias y aullidos hacia la nada, hacia el cielo, hacia el mar. Arrojando las tres monedas plateadas al mar, deshaciéndose de ellas con ira. Lo vio acercarse a ella, lo vio acurrucarse en un costado de esta, como si quisiera abrazarla. Fue entonces que la ballena intentó moverse nuevamente moviendo con dificultad una aleta, el marinero de alejó de está diciéndole -¡Eso! ¡Vamos! ¡Tú puedes carajo!- Volvió a colocarse detrás de ella para intentar ayudarla, empujándola, hasta qu por fin pudo rodar sobre sí misma una vez. Con su otra aleta comenzó a repetir el movimiento, Ya no faltaba mucho 40 pies... 30 pies... 20 pies... 10 pies... el agua empezaba ya a entrar por los poros abiertísimos de su piel inmunda humectándola y sanando y sin aviso... Una enorme ola se devoró a los dos seres que en ese momento se hallaban en la playa. Y en un momento más, ya no estaban.. No había más rastro de ellos que la gran línea de sangre que había dejado el gran animal en su rodar y una bota... La bota del marinero que había quedado en clavada en la playa como una asta, como un testigo fiel de la presencia del marinero, la prueba de que estuvo ahí alguna vez. A lo lejos, en el horizonte marino, podía verse algo, era como un punto diminuto que flotaba, una mancha, una silueta, una persona, el marinero. Posaba su vista en el cielo pensando en ella, con las ropas desgarradas, ojeras en la cara y lágrimas, los brazos abiertos y en la mano... Las tres monedas que había arrojado al mar con ira, había vuelto a sus manos. Él sólo tuvo que cerrar sus ojos y ahí estaba... Tan hermosa como siempre, esperándolo con los brazos abiertos. Nunca sintió tanta felicidad y se fue con ella, al fondo del mar, al cielo... ¿Qué sé yo? Al final siempre será un misterio.




miércoles, 15 de octubre de 2014

Otoño

¡Qué frío! Es el grito de otoño. Se avecinan calaveras y diablitos y las hojas de los árboles se quedan inquietas pero no caen. Los árboles reverdecen y el pasto, hay verde por todos lados: en las paredes, en el agua y hasta en el viento. Aquel viento verde que viene del sur. Los ojos se pelan en brillan gemosos en las mañanas cuando el sol está a punto de salir, a punto de imperar sobre las sobras.

las primeras llamadas de esta época atavían los gendarmes como el calostro. Unos le reciben gustosos cual microbios nórdicos; otros buscan el calor que da una hoguera, bebidas calientes y prendas que guarden el aire seco y caliente. Lo que no saben es que el fuego azul es el más fuerte.

Primero el azul, luego el amarillo y hasta el último... El rojo

Se muere el año y la mejor época del año ya está aquí. Al fin podré rendir honor a mis muertos, y ¿Por qué no? incluso a mi propia muerte. Que espero que llegue a tiempo, sin demoras y sin prisas. A tiempo.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Cementerio de elefantes

"Si muero primero que tú, yo acá te espero"

Tendría la oportunidad de vagar sin rumbo en el inframundo esperando. Escuchando los pasos de alguien que entre el eco de la húmeda caverna se avecina. El soplo inmundo que cubre la silueta de la espina hasta la nuca te recordará de aquellos a quienes se dañó en su momento. Como consecuencia de los hechos. Los sonidos confortantes son aquellos provenientes de las gargantas que cantaban el son de una canción de una nación, de un mismo sentimiento, de una misma patria, alguien con quien es bien recibido cruzar el Mictlán. Alguien que si se fuera primero esperaría del otro lado. Más allá de este mundo. Más allá de lo físico o tangible.

Algún espectro que dentro de un cuerpo mortal me rompiera el alma en pedazos para rehacerlos a su forma. Energías que van, energías que vienen. Energías más, energías menos. Tendiendo como siempre, hacia el equilibrio dinámico. Tal y como el creador de todo lo llegó a ordenar una vez, en su desorden. Brazos que se cierran como pinzas quebrantando los males. Unos brazos que vencen a la muerte, la codicia, el egoísmo... Los brazos puros te arrastran al equilibrio... te llevan alto muy muy alto, y aunque existe el temor a las alturas las nubes soslayan a la tranquilidad, la serena en el minimalismo acústico de una tarde nubosa... energías, energías.

Los libros que yacen en el recuerdo diurno de una vida sin fin, se diluyen con el pesar de los segundos, sí, con el pesar... Porque más pesa el hombre que debe caminar más escaleras en el correr de los años. en su paso por el mundo porque debe dejar algo a cambio, nos guste o no. que se recuerda, fuerte, invulnerable a los encantos del mundo. Y ha caído una vez más, la simpatía con el diablo. Uno no muere por sus pecados, se muere en vida al vaciarse el alma en nimiedades, en cosas que van y vienen y no en las que se quedan por siempre. Hasta el final.

Metamorfosis

¿Cuánto tiempo le quedará a esta historia? Sería complicado discernir con el pecho porque la solución arcaica acelera la cabeza, como sólo los grandes libros pueden. Todo lo que alguna vez fue mío se ha quemado, efímero en la hoguera. Lo que nazca de las cenizas, será tuyo. Que sea refinado, lo mejor. La inquietud clama y aguarda para dar cabida a un nuevo "yo". Pero sería bueno decir entonces, ¿quién demonios soy yo?

Mi nombre... El que me quieras dar. Pocos saben de donde vengo y menos saben hacia dónde me dirijo. Mi meta es siempre dar más ¿Amor? No sé, pero más. Sereno sí, inoperante también decidido otra vez. Hostil no, picorete tampoco. Para el amor... Patético.

Las cosas pasan y en veces únicamente se ve lo malo en ellas. Les pulo, les embellezco y las entrego. Sin embargo los días parecen terminar mucho antes, y para antes de decir todo lo que traigo guardado, se marchan (diré mañana lo que pienso). Para entonces hago reverencias a la maravilla de ojos que hacen que olvide todo.

Algunas veces se siente lleno de vida, fuerte. A la vez pequeño y frágil. ¿Será motivo de necesidad? No hay tiempo para pensar, el tiempo fluye rápido y no da tregua. Uno aquí como los lobos, le aúllo a la luna en esos ojos. No siempre vi las cosas de la misma manera. Abstracto y sin chiste.

lunes, 6 de octubre de 2014

Pureza (Luna de Julio)

¿Porqué no apareces como en mis sueños?
Resplandece ahora como solías hacerlo
Sólo un poco para complacerme, sólo un poco

Cuento el tiempo que avanza muy lento, en exceso lento
Me da frío, me da nervio, me da miedo y no entiendo
Estallando sueños, un espectro baja al salir el sol
Un amargor, un poco más, un poco peor





domingo, 5 de octubre de 2014

Entrada de un sueño

Entonces me encontraba de repente en un lugar solitario, obscuro. Como en los callejones que soslayan a los forasteros a huir. Calles vacías como lo suelen ser por las noches cuando salgo a caminar. Un desliz me orilla a caminar sin prendas sobre la calle y así procedo. De la nada aparecen sombras de aspecto robusto y barbón  y se mofan de las ropas que caen e intimidan. Mientras tanto sigo caminando y me aparto, a la verdadera soledad, en donde de vez en cuando encuentro a alguien que no tiene nada que ver con nada, sin embargo, le saludo respetuoso y sigo mi camino.

La noche nubosa, la que no me deja ver las estrellas me regala lluvia para que desfile debajo de sus faldas y gire sobre mi propio eje y alrededor suyo. Sé a dónde tengo que llegar pero no qué camino tomar, así que tomo cualquier autobús, le pago al chófer y me siento a contemplar la ruta... A través de la ventana empañada por la respiración, se asoman escenarios muy muy obscuros, casi inauditos de los que sólo se ven figuras moviéndose cuando un relámpago ilumina la noche... Sólo eso y nada más.

La nave arriba a su final y voy directo hacia ese altar, hay que compra fruta, leguminosas y hortalizas y arroz. Escogiendo el fruto del mango, tocando su febril textura, aparece salvajemente su mano. Y salvajemente no es una interjección a la expresión de desagrado ni violento... Es más exquisito que eso, porque de le frescura de una piel amarga se saborea con la mano las notas de una piel característica, de sabor sui generis. No hay desfachatez esas manos son las que me ayudan a escoger entre la variedad de frutos que se hayan inmersos entre cajas, esas mismas manos que buscan jugar.

Una ocasión perfecta para cocinar, perfecto a la sensación de la variedad de pieles entre los ingredientes de un gran banquete todo listo y preparado para cortar, calentar, sazonar y mezclar. Pudiera pensarse no ser un sueño pero aquel duende púrpura tropezando con un arcoiris montado en un unicornio espacial, sugiere gritando que ¡No!... No es un sueño y yo quiero creerle. Dicen que no hay nada mejor que reposar la comida, pero en está ocasión y por esta noche tomo esas manos mágicas y les llevo conmigo a mi habitual sendero nocturno, empapado por un chipi chipi.

Las manos son un inexpertas y hay que tomarlas para que no se pierdan por todos los caminos y agujeros que hay, pero no buscan huir, esas manos buscan jugar. Una lluvia que arrecia exhorta a los noctámbulos a guardar calor. A veces guardar calor no es suficiente y hay que ser un sistema termodinámico estable... Para ello se requieren de medidas fisiológicas y bioquímicas, tal y como lo exigen nuestro apellido. ¿Cómo es dejar las manos jugar?

Un duelo de miradas encarnan una lucha entre seres que han dejado de pensar y dejan todo al instinto, al impulso a la naturaleza de sí. El apego que en sus cuerpos hay puede sacar chispas y chispitas de luz, el roce en sus prendas queman sus pieles de algodón y mezclilla y sus manos juguetean entre la circundante silueta de sus cuellos, sus dorsos, de sus caderas, de sus muslos. El agua, la misma que ayuda a deslizar las manos que juegan, huye despavorida, no puede ante el calor que producen los cuerpos, los deseos de matar al frío.

Los frotes de tonos rojizos y sus encantos rijosos crean estática, crean impulsos nerviosos... electricidad pura. La débil luz de una luna, es dispersada entre las gotas de agua que caen en un sueño ardiente, temperado como el magma. La luz misma, una luz blanca que toca esos cabellos desde la frente hasta la nuca, que toca sus cuerpos desde la sien y los tobillos hasta los más obscuros escondrijos, desde calor hacia el suyo. El circular de los dedos por su boca, como quien quiere hacer sonar una copa con los dedos húmedos, derrite los mismos dedos que provocan la sensación de bienestar. Un bienestar para morirse en esos labios rosas... Morir en bienestar



sábado, 4 de octubre de 2014

Confesión

Estás tan cerca de mi corazón pero estás tan lejos como para escucharte. Así que me redimo a ser sólo un intento. Hace falta un poco de no sé qué. Incluso divertido pero hay mucha confusión. Pareciese ser que las cosas no tienen sentido.

Soy un caballero, olvido. Pero estás tan lejos como para escucharme así que me redimo a ser sólo un intento. Aquí yo aguanto, tal vez no una victoria, tal vez un para de trémulos arrullos tuyos servidos amorosamente para llevarse a la gloria.

Nunca supe montar caballos y no soy muy fuerte pero estaré contigo en el camino yo nunca me doy por vencido... Por ti, te encontraría y cantaría una canción y ahora  no sé el final de está oración, dejo en ti la última palabra y me redimo a ser yo en un corazón.

jueves, 2 de octubre de 2014

Llegando

he llegado más de mil veces a la noche
Con mucha hambre tragándome tu nombre
Mis gritos no hacen eco, se los lleva el viento
Por un instante duermo y voy al cielo

Son así miles y miles de sueños
Que he de plantarte, de robarte
Sin dudas, sin preguntas.

He llegado desde la otra mitad del mundo
Sólo para estar contigo unos minutos
Cada momento lo vale, tú lo vales

Fueron tantas y tantas veces
Que quise abducirlo, corromperlo, arreglarlo
Y fui hasta ti y me refugie del abismo
Mi alma se incendiaba y me asperjaste