Llegó la última parada. El último puerto antes de perdernos en el mar otra vez. Duele, pero por supuesto que duele. Debemos partir y el agua está picada y mi corazón hace agua. Pero es necesario irse. Naufragar, tal vez y llegar a estar en conflicto con uno mismo. Con nosotros mismos. Un duelo que revele el espíritu incendiario que se cierne sobre nuestras lenguas saladas. Y claro que duele.nos vamos peor que cuando empezamos. Nuestras velas no se apagan pero se extingue la cera. La parafina sube al cielo y debemos.de partir. Tal vez para encontrar una hechicera o tal vez morir a solas, tal vez. Es hora de partir
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