Superate. Dichosos los vientos del norte que llevan serenidad al Ecuador cuando el mundo está en llamas. Porque de ellos la vitalicia indulgencia del tiempo no tiene reparo y soslaya a la vida a tambalear en una soga que pende ante la eterna caída del hiato existencial de las masas. Asimismo, uno es conciente que el ser en sí mismo, conlleva a superar ese obstáculo mediante la interpretación racional y evolutiva del alma
sábado, 16 de junio de 2018
viernes, 8 de junio de 2018
Noches raras
Otro sueño súper extraño... Soñé que ya trabajaba en una dependencia de la Policía federal. Luego Víctor Lily me invitaba a vivir con él a un depa por cuatro caminos. Era un lugar raro. Como una inmensa mansión con fachada de edificio y al interior como una mansión. No sé describirlo. Ahí me mostraba nuestro cuarto era enorme y me aclaraba que tendríamos que compartir una litera muy enorme. Me enseñaba mis cosas mis lugares y todo. El lugar era como de muchos colores oscuros. Como si antes hiciera estado abandonado ya piensa lo estuvieran remodelando. Habían muchos símbolos extraños y muñecos vudú. A mí se me hacía interesante y económico y aceptaba vivir con él. Me advertía también que el dueño del departamento era mi antiguo jefe al cual yo odio a la fecha pero me decís que cambiarlos mi identidad y que él no le diría que yo vivo ahí realmente y yo no le diría a nadie donde vivíamos.
Al cabo de un tiempo cuando regresaba de trabajar. Ya más arreglado el lugar, un amigo de la secundaria que curiosamente también trabajaba en el mismo lugar que yo me acompañó al departamento porque todo ese día me hacía sentido muy mal. Aunque solo me dejaba en la entrada al edificio. Desde ahí le enseñaba todo el terreno. Terreno que dicho sea de paso no sé porque lo conocía. Pero tenía todo árbol, sendero y cada fuente bien ubicada. El lugar era enorme y más que parecer un jardín parecía un bosque pétreo, con una neblina eterna ya medida obscuridad siempre.
Pasaba entonces a entrar a mi cuarto para descansar y preparar mis cosas para el día siguiente. Fue entonces que Víctor me empezó a decir que en la zona habían empezado a ocurrir muchas cosas sin explicación, del tipo paranormal. Cosas que cambian de lugar, ruidos sinsentido, lamentos y lo más curioso es que muchos vecinos habían dejado el lugar porque aparecieron unos murciélagos nunca antes vistos. Sus cabezas parecían tener una red abultada. Muy parecida a la que le ponen a los montajes de las fotos de tripofobia; sus ojos negros y muy saltones... Eran como pequeños Aliens.
Nada se comparaba con lo que iba a pasar después. Realmente no me lo esperaba en un sueño así. Fue cuando Víctor me dijo que alguien quería verme. No le tomé importancia y seguí ordenando mis cosas. De la cama de la litera de arriba se asomaban unos cabellos largos. Y poco a poco una cabeza bajaba de la cama de la litera de arriba. Yo le conocía... Solo bastó mirar sus ojos para sentir que mi alma dejaba mi cuerpo. Cai al piso y enseguida Vic de burlaba de mí diciéndome que no era para tanto y que mejor me apurara para que salieramos. Había que estrenar su coche y debía yo, enseñarle a manejar estándar. Pero me negué y no le dirigí la palabra a su acompañante en ningún momento. Fue entonces que salieron del cuarto y se fueron a donde quiera que iban a ir. Me sentía traicionado, y le llamé a Toño, mi amigo de la secundaria que me hacía llevado al departamento para que me pasará a recoger y me diera posada en su casa. Bajé con mis cosas para esperarlo en la bahía y la veía ahí, sentada en el copiloto mirando el celular como siempre. En un momento se le ocurrió la idea de ser ella quien maneje sin esperar a Víctor que para entonces aún no había llegado y arrancó el coche. No avanzó más de 10 cuando ya había chocado contra una casa de ahí cerca. El puro instinto me hizo ir a ver que estuviera bien, abrí el coche y la saqué de ahí. Se veía tan maltratada que olvidé todo el odio. Solo me importaba que estuviera bien. Ella me abrazó y luego sin más, me besó. La abracé muy fuerte y le regrese el beso. Entonces Víctor llegó para echarse a reír y me decía que mejor salíamos otro día. La grúa se llevaba el coche y como nadie más salió herido todo fue más tranquilo. Sí, yo estaba con ella. Como siempre, cómo antes. Sí lo había olvidado todo en un segundo. No pregunté nada. No me importaba nada solo tenerla ahí conmigo.
Luego de un rato ella decía debía irse. Tenía que ver a alguien. Fue como despertar con choques eléctricos pero dentro del mismo sueño. Al instante todas las memorias de estos últimos 8 meses volvieron a mí y no dejaba de llorar. Las piernas me fallaron y mi cuerpo se desvaneció. Ella se inclinó hacia a mí para decirme que ya no tenía caso sufrir por algo que ya había pasado. Rascaba mi cabeza y me pedía que la llevara a la bahía. Entonces como si hubiera cerrado la llave de mi lagrimal dejé de llorar y volví en mi. Me levanté y la llevé a la bahía.
Esa noche era particularmente pesada. Había demasiada obscuridad. Incluso todas las lámparas tenían un color amarillo rojizo y el parpadeo se notaba mucho. Empezaba a hacer muchísimo frío y mientras llegábamos a la bahía pasaba un pequeño niño junto a nosotros. Tocó el timbre de una de las puertas de los departamentos de ahí y echó a correr. De pronto escuché a mi amigo Toño gritar para que también salieramos corriendo. Pero no como una broma, era más bien un grito demasiado desesperado, terrorífico podría decir. La tomé del brazo y la ... Llevé corriendo. Justo en ese momento abrieron la puerta y salieron a perseguirlos unas personas con cuchillos y unos con alguna especia de Oz. Usaban máscaras de gas y sotanas negras. Eran muchos. Alcancé a escondernos en un baño de servicio. Era excesivamente blanco, parecía que brillaba de limpio, no recuerdo ninguna otra cosa más limpia en mi vida. El problema era que era angosto y tenía mucha profundidad. A penas pasaba una persona. Le pedía a Dios que no hiciera ruido y que se escondía bien. Mientras por una rendija en la puerta veía como esas cosas nos estaban buscando. Al primero que encontraron fue al niño. Detrás de un arbusto. No lloro mucho cuando antes ya le habían cortado la cabeza. Si sangre la guardaban en una especie de botella con forma de vejiga de color beige muy obscuro. El siguiente fue mi amigo, a él lo encontraron deteniendo una puerta para no dejarlos entrar. Se atrincheró en un departamento abandonado. Le dije que me esperara, que decís de ir a ayudarlo y que debía de esconderse bien. Salí corriendo para llegar al auto de mi amigo, logrando esquivar a varios de ellos. Ya en el auto tome su arma y le disparaba a quemarropa a varios de ellos, pero fueron muchos y las balas se acabaron rápido. Desesperado tomé una Oz de los cadáveres y seguí avanzando contra ellos. Es de esas cosas geniales que en la realidad no puedes hacer pero ahí, todo era perfecto. Cómo de una película de acción se tratara. Cortando cuellos, vientres, manos. Mientras que mi amigo no. Y al cabo de pocos minutos, atravesaron un cuchillo pecho, ya en el suelo, cortaban su cuello y también guardaron su sangre. La cosa es que no dejaban de llegar enemigos y yo me iba sintiendo muy muy cansado. Entonces fui por ella a sacarla de ahí para huir con ella, en el coche de Toño. Pero terminamos rodeados por ellos, a la mitad de un jardín. Tomé aire y me seguí peleando con esas personas. De pronto un zumbido me inundó la cabeza y volví a quedar de rodillas, pensé que me iban a matar pero todos ellos se habían quedado quietos. De la nada aparecieron 3 mujeres muy guapas con vestidos blancos tipo victoriano. No eran personas que yo conociera o que me parecieran familiares pero sabían mi nombre, me explicaban que no era necesario seguir con eso, que ellas solo querían a Rommyna y que me dejarían en paz. Yo me sentía como drogado y muy pronto empecé a sentir como mucho deseo. Y ellas sobre mí seguían diciendo que no había de qué preocuparse. Se quitaban la ropa y mientras me quitaban la mía de empapan con la sangre de la vejiga que había visto antes y a ella se la estaban llevando. Me las quité de encima y con pasos torpes. Trataba de decirles que no se la llevarán, ella estaba inmóvil. Cómo muerta, con la mirada perdida... Y no podía caminar más, me petrificaba. Solo veía como se la llevaban y un golpe en la cabeza sentí, antes de volver a despertar