domingo, 12 de julio de 2015

Huelo a ella

En un momento ella estaba aquí. Lo recuerdo. Estoy seguro de que no fue un sueño. Trazas de sus cabellos penden como hilos de mis dedos cual títere, a la vez que me hallo sentado en el sofá. ¿Cómo llegué aquí? me pregunto. Aun me siento como si estuviera aquí. Lo recuerdo. Como el contorno de sus hombros se va llevando de mi brazo y sus mejillas sufren el giro de mis labios que la invocan para sembrar en su lengua la maravilla de nuestro amor.

Tallo mis ojos para develar la ilusión de la realidad y de la realidad del pasado. Entre el nudillo del dedo índice y la concavidad de la base del pulgar se encuentra la máxima explosión de eventos inimaginablemente enloquecedores y pasionales que en mi sistema habíanse desatado alguna vez... El vestigio de su aroma...

Ssssssssssssssssssssniff.... ¡Ah! Hace sentirse a uno como si estuviera muerto. Y no en el mal sentido. El dolor hace a uno sentirse vivo, hace que aprendas te enseña. El goce es para disfrutar... Simplemente esto va más allá de todo eso. Hace viajar por la mente el espacio, los dolores, los sabores, todas las sensaciones buenas y malas, un aroma que me recuerda lo maravillosa que puede se la vida.

Una vez más inhalo aire para encapsular su esencia en esas paredes químicas hasta mis pulmones, respiro de ella, vivo de ella y ella vive en mí. Podría verla aquí mismo a través de esto una y otra vez sin cansancio. Y no quiero que su aroma se apague nunca. La huelo y siento sus cabellos entre mis dedos liberando todas las hormonas de su ser invadiéndome. Dejo caer su melena sobre su espalda y es el fin. Una marcha sin fin, pisa fuerte sobre mis venas, llevan un alarido crítico por todo mi sistema llega a la base de mi nuca y de ahí, como una gran presa cuando es fracturada y tiene todo el peso del agua partiéndole la estructura, así van mis emociones en menos de un segundo y de un parpadeo a otro... La presa, se rompe. El agua irrumpe con fuerza y se lleva todo a su paso, desborda energía destruye todo a su paso y a su vez enriquece el sendero para hacerlo más fértil. Como nunca antes.

Del mismo modo... Mis emociones y mis pasiones bajan por toda la espina y no obedecen necesariamente a la gravedad, no destruyen, incautan la sobriedad en los actos pues el influjo de razón está perdido. llegan hasta los dedos de la mano, llegan hasta los dedos de los pies, enderezan la columna y abren el pecho. Vista hacia arriba, y no hay sonrisa en la cara pero la gesticulación es de infinito sentir de maravillas. Como si le hubieran revelado todos los secretos del mundo. En mi mano quedaría ese recuero, las respuestas de lo que necesitaba saber estaban ahí porque había teñido su alma con la de ella al enderezar su cabello, ¡oh! Su hermoso cabello... Largo, castaño claro y abundante.

Una vez más inhala de mi mano todas las respuestas y está vez el resultado es mayor... Viaja por estrellas, entre notas de canciones, entre partículas subatómicas, de un lado a otro, de arriba a bajo, entre espacios, entre tiempos, entre todas las dimensiones posibles escabullo, entre religiones, entre pensamientos, entre lo que es justo y lo que es malo, rompiendo la organización de los ángeles. Abriendo paso entre todas las cosas para buscarla, para estar con ella, solo una vez más con ella... Para volverse uno loco entre tos brazos, en su cuello. Sentir los senderos de su piel con la mía, una vez más es lo que deseo.

Sólo eso deseo.

sábado, 11 de julio de 2015

Faringitis

-Lo siento Señor, no podemos hacer nada ya. Tiene que dejar pasar un año
-Pero tiene que haber algo, me acabo de hacer exámenes y todo resultó bien, estoy sano
-De verdad lo lamento. Son políticas del hospital
-¡Al diablo con eso! Su vida depende de esto, por favor... Por favor (sollozando)
-De ninguna manera... Menos como está la situación. Usted no lo entiende pero nosotros estamos muy presionados. Todos quieren un trabajo perfecto de nosotros y no se dan cuenta que somos humanos y sinceramente estamos cansados de ello. Quieren protocolos, aquí tienen sus protocolos. Le haré un favor y le diagnosticaré que tiene usted faringitis... ¡Listo! Puede irse
-Pero doctor...
-¡Váyase! Aún hay más personas por pasar
-¡Váyase usted a la mierda!

Al final... ella recibió aquel líquido ferroso que le daría vida. Al menos así lo pensaban. Un error en las etiquetas habrían cambiado la transfusión, las bolsas. Ella... Reaccionó negativamente al tratamiento y al final murió.

Finalmente ya no hubo boda ella murió por rechazo a la donación y él habría muerto de "faringitis".

martes, 7 de julio de 2015

Fuego

Pocas historias cuentan lo que hay del fuego en su misterioso descubrimiento. Alardean que fue por accidente... Cuando se descubrió el fuego la humanidad descansaba en su caverna con las pieles de animales cubriendo y protegiéndoles del frío...

Una vez por la madrugada Niklas dormía en su agujero. era plácido aquello, un sueño profundo, resguardado cálidamente entre las pieles de los felinos que alguna vez quisieron devorarlo. Dormía profundamente y parecía que nada podía despertarlo. de un momento a otro, avisando quien quería invadir la parte de la caverna que a él le correspondía, llamándolo:

-Niklas (susurrando) ¡Niklas! (susurrando un poco más fuerte) ¿Estás despierto?

Era el "morador de las tinieblas" y aunque el título pueda conferirle dotes de ser el diablo, realmente era el único de la tribu que no se atrevía a salir de la caverna. Pasando sus ratos en vela contando las gotas de agua que escurrían por entre la cueva, cultivando setas y coleccionando insectos en su respectivo agujero. su nombre: Viator.

Seta había tenido grandes experiencias durante la caza, a pesar del defecto de no ver bien su puntería era guiada por su gran sentido del olfato y el sigilo. Pronto conocería a una guardiana, como aquellas que flechan el cielo con su mirada, de cabellos rojos como las bayas. Ambos se complementaban muy bien. Él, le mostraba los métodos para liquidar las fieras grandes con el menor esfuerzo. ella, le enseñaba todas las maravillas ocultas entre las hierbas, en sus sabores y en su humo. La herbóloga respondía al nombre de: Bay.

Viator y Bay pasaban tanto tiempo juntos que comenzaron a aislarse del grupo. Sólo ellos habrán sabido lo mucho o poco que hicieron juntos dentro de aquella bóveda húmeda y obscura durante tanto y tanto tiempo. Nunca habrían tenido otro contacto con ningún ser humano hasta su contacto con Niklas, en esa madrugada.

Niklas por otro lado, comenzaba a aprender los secretos de la caza a la par que siempre se hacía las grandes preguntas. Su gran defecto de siempre fue tener grandes ideas, de aquellas revolucionarias y evolutivas que podrían cambiar el curso de la tribu y del mundo entero y luego olvidarlas mientras contemplaba las estrellas por la noche. La luna era su mayor amor, y cada noche de luna llena iba y le entregaba astromelías, dejaba una ración de su comida, brincaba (intentando danzar para ella) y gruñía (intentando cantar para ella) y se quedaba dormido fuera de la caverna. Muchos eran los deberes que tenía en ese tiempo como para darse un tiempo para él, hasta esa madrugada en el que estaría tan cansado que no despertaría... Aún después de varios días durmiendo.

-Está bien muerto, entremos- Viator invitaba a Bay. Los invasores entraron yendo directo hacia la cama de hojas y pieles que Niklas había fabricado para la hembra que el pretendía. Seta se acercó hacia, lo que parecía el cadáver de Niklas, y le arrebató una de las pieles de leopardo favoritas de Niklas, el cuerpo de éste, rodó por la pendiente quedando cubierto y enredado entre sus abrigos de modo que su rostro le permitiría ver perfectamente en dirección a la cama de hojas que había construido. ¡Claro! Si hubiera podido abrir los ojos. En ese momento, Niklas, se encontraba despierto, pero no podía abrir los ojos. Una condición conocida en nuestros tiempos como "Parálisis del sueño". Niklas, era perfectamente consciente de lo que estaba ocurriendo. Sin en cambio, no podía abrir los ojos, ni hablar, ni siquiera podía mover la punta del dedo meñique. No podía moverse en absoluto, lo único que podía hacer era respirar agitadamente y escuchar.

Su aliento agitado sólo podía confundirse con el jadeo de aquellos que por estrés hormonal habían hecho lo que cualquiera hubiese hecho en su lugar. Séase lo que fuera que estuvieran haciendo. Niklas, se encontraba tan indefenso, tan lleno de miedo y resentimiento que pudo haber muerto realmente de un paro cardíaco. Aunque prefirió adaptarse y sólo dejar que el efecto de los transmisores eléctricos de su sistema nervioso se actualizarán entre que podía hacer algo nuevamente.

Una vez terminado el conflicto de sangre de aquellos perpetradores se dieron a la tarea de dormir únicamente. El inmóvil, también se tranquilizó y pudo concentrarse mejor para intentar dormir de nuevo y reiniciarse (algo así como apagar un equipo eléctrico y volver a encenderlo para ver si funciona de nuevo). Entre sueños, podía verse a sí mismo, tirado en el suelo, envuelto como un regalo de navidad (aunque ésta última no existiese como la conocemos actualmente) entre abrigos de pieles, tierra y un poco de hojas y ramas. Era como si su alma se hubiera desprendido de él. Todo lo que tocaba, desvanecía. Sentía que flotaba en aquella cueva iluminada sólo por la bioluminiscencia producida por la acelerada actividad metabólica de los organismos fúngicos que devoraban los restos de comida y basura que Niklas había dejado.

De pronto, Niklas (su espíritu, su sueño o lo que sea que hubiera sido) levantó la mirada hacia lo más profundo de la gruta al escuchar una voz. Desde lo más profundo. Lo llamaba, decía su nombre, lo susurraba y el eco lo repetía.

Hacía algunos días, habría tenido un sueño. Donde una mujer, una diosa habría llegado a el desde el cielo nocturno hasta su presencia. Pidiéndole adorar a la naturaleza, y que rezará por ella por medio de una piedra. Pero no era cualquier piedra. Era una piedra de río, de color azul obscuro, porosa y con la figura de un sacerdote con penacho de plumas de un ave precioso levantando un corazón sangrando en llamas, hacia el cielo. Niklas habría relacionado aquellas formas con un incendio ocurrido hacía mucho tiempo en el bosque. Podría recordar cómo el fuego devoraba todo: los árboles, los animales, las armas de madera que usaban para cazar... A sus amigos. Él lo tendría bien presente. Al despertar aquella vez, de aquel sueño, gritando un alarido que ensordeció al grupo, puso en marcha las actividades que tenía conferidas. Durante un viaje de exploración hacia el sur, se perdió del grupo para dirigirse el sólo a encontrar frutos para el sólo. En cierta medida le cansaba tener que compartirlo todo con compañeros que hacían igual o menos que él (regularmente más menos que más). Era muy observador y a falta de un sistema de escritura bien definido únicamente se conformaba con los austeros y abstractos dibujos en los que pretendía anotar algunas de las características de la naturaleza tales como: morfología vegetal y animal, astronomía, técnicas de supervivencia y consejos de caza, rutas en el bosque así como organización política y características de sus demás compañeros.  Aquello habría significado la primera enciclopedia de su época y sin embargo el mayor dote de información se hallaba en su cabeza. Dado que no contaba consigo, su antología (piedras y souvenirs) emprendió el viaje hacia el sur, a la zona de los pantanos, de donde le era bastante peculiar las espontáneas exhalaciones de fuego que podían notarse desde su madriguera, en las cuevas del norte. Rara vez habría ido ahí así que aprovecho y peló bien los ojos para prestar atención a todo lo que ocurría. Todo era maravilloso porque era nuevo y no comprendía muy bien lo que ocurría ni cómo funcionaba ese lugar. 

De aquello nada le molestaba, ni los reptiles de hocicos  gigantes y dientes afilados, ni los enormes insectos que eran del tamaño de su cara. Él anotaba todo en notas mentales y dibujaba formas con el lodo sobre su piel para anotar lo que él sentía le sería difícil de recordar. Anonadado no especuló que había pasado tanto tiempo que su grupo notó su ausencia y comenzó a buscarlo por todas partes. Habría pasado todo el tiempo buscando aquella incandescencia que tanto buscaba de nos ser que estaba maravillado por toda la vida y la no vida que había allí, muy por encima que el olor de ahí era bastante peculiar, le recordaría los concursos de pedos que hacían en la caverna los días lluviosos que era muy difícil salir a cazar. Él buscaría incansablemente la procedencia específica de ese olor, imaginándose traseros gigantes de animales gigantes o... Algo más. En su búsqueda, se hacía tarde y un cazador, el menos hábil de todos "Carac" fue a dar con Niklas en medio del pantano. 

-¡Niklas! Te están buscando todos por todas partes ¿Qué haces aquí?
-Aprendiendo de... Buscando nuevas plantas y raíces que sean comestibles
-Aquí no encontraras nada. Vámonos
-Aguarda un poco, aún no encuentro...
-¡Lo encontré! ¡Aquí está! ¡Vengan!
-¿Que no entiendes? Podemos dejar de depender del volcán si nosotros mismos podemos crear fuego.
-No digas locuras. El fuego es cosa de Dioses. Además, caerá una tormenta gloriosa que ha de inundar el pantano. Debemos irnos

Fueron llegando los demás cazadores y aguardaron a estar completos para irse. Niklas estaba bastante frustrado debido a que tendría que depender de todos para salir a alguna expedición siempre. Lo que a la larga no le permitiría aprender adecuadamente el funcionamiento de las cosas que el quería aprender. Mientras tanto, y pese a que no sabía contar muy bien, sabían cuando alguien más les hacía falta y en este caso faltaba Napol, otro nómada del norte que como Niklas llegaron con sus familias a esa tribu antes sucumbir ante un extraño mal que los hacía pálidos y toser sangre. Napol faltaba y comenzaba a llover de a poco. El resto de la tribu se dividió para buscarlo, Niklas junto con Carac, y el resto en parejas como lo habrían hecho al principio de no ser por que Niklas se hubo separado del trío en el que iba. Siendo que todos debían ir acompañados. Comenzaba a llover más fuerte a cada momento que pasaba y caían relámpagos más de lo que se pudiera esperar, más que otras veces. Aquella situación se estaba volviendo completamente crítica, y con la culpa de Carac de haber dejado Napol para encontrar más rápido a Niklas y con el sentimiento mayor de culpa de Niklas de que hubiera tenido que provocar todo eso no cesaron de buscar, hasta que en un costado de una enorme piedra lo vieron, estaba ahí tirado con las piernas y brazos extendidos con la mirada perdida. Corrieron hasta el pero no respondía, estaba frío como el agua de la cascada por la mañana y a ello notaron dos hendiduras en el tobillo derecho de Napol. Aquello habría sido obra de un animal ponzoñoso. Todo estaba perdido y había que regresar con el resto cuando de pronto un rayo de luz corto por la mitad la densidad del agua de la lluvia para caer sobre el pantano. Aquello resultó en una enorme catástrofe, el enorme estallido hizo volar a Niklas y a Carac por los cielos y haciéndoles caer un tanto lejos, tras de sí en donde habría ocurrido eso, columnas de fuego saliendo del pantano fundiendo la gran roca en donde yacían los restos de Napol, habría sido un cruento descubrimiento para Niklas de no ser porque al querer compartir su emoción con Carac, notó que este tenía una punta de madera atravesando su corazón. Niklas, no se resignaría pronto y cargando consigo el cuerpo de Carac se dio cunta de que su espalda estaba quemada pues le ardía inimaginablemente terrible. Cargo su cuerpo a contra reloj pues el estruendo del relámpago comenzó un incendio en el bosque y muy por encima que se piense que no podría provocarse fuego mientras llueve, habría de considerarse que el bosque estaba lleno de brea, altamente inflamable, y Niklas se percató de ello en un instante de iluminación que el solía tener. Corría y el fuego le alcanzaba. Pedazos de carbón se le adelantaban y le quemaban los pies cuando pisaba hasta que llegó al río y ahí se refugió. Un resultado faltal para Napol y Carac. Un resultado más faltal para Niklas quién tras esto no hacía más que dormir en aquella caverna, casi sólo, de no ser por la presencia eterna de los enamorados moradores de las tinieblas. 

En aquel sueño Niklas fue a la entrada de la cueva donde la voz lo llamaba. Entendiendo, a su manera el mensaje que aquella dama de cabellos blancos y aura dorada le pedía, irse. Niklas despertó. Y partió de aquella cueva de donde solamente tomó una punta de flecha y un arco, para ir rumbo al norte. Habría sido aquello insignificante motivo para irse pues había una familia entera molesta con él por la pérdida de dos de los integrantes de la tribu. Niklas simplemente no pudo más con la culpa, y en sus sueños encontraba un consuelo para empezar una vida de nuevo, lejos de ahí, para continuar su estudio de la naturaleza sin que nadie saliera herido por aquello. Todo estaría bien si la dama de Cabellos Blancos le acompañara, aún en sus sueños. 


sábado, 4 de julio de 2015

Sirena

El problema radica en que soy una persona que necesita... Así lo creo necesario. Estar llena de atenciones. Los mensajes a distancia son lindos claro pero lo que llena es el calor humano el contacto directo, los masajes, las caricias, los besos, los abrazos, uno con fuego en el corazón lo pide a gritos. Uno de fuego lo requiere para no enfriarse. Ese fuego que bien podría representar la mayor virtud, es la peor desgracia para este ser. Más allá de la cruenta distancia y el pasar de los minutos, las horas, los días... Uno podría sobrevivir, incluso si se trátase de años, pero lo que a uno lo mata es recibir fe y esperanza... Encender la mecha del cañon y después echarle agua helado... Ahí se acaba todo. La explosión no sería la misma. La pólvora está mojada.

Una sirena al agua y la ninfa al bosque
Rayos de luz rebotan en el agua y tintinea
Tiritan luciérnagas cerca del agua y por dentro la noche
Un círculo vacila entre ser oblicuo y el ser una linea.

Madrugadas minimalistas escurren las seis paredes
Humo intacto de lo profundo del mar y los árboles
Un soplo frío arroja súbito a los suspiros hechos redes
Manto laminares recubren la tierra, explotan volcanes

El sol que se enfría y el hielo se inflama
Cándidas y meticulosas sondas reclaman la vida
La ninfa pide sonrisas y la sirena contempla la calma
Gritos sordos escapan del frío, siguen la linea

Una bóveda ausente de color, carente de forma
Los hilos son gachos que buscan, conexiones de lluvia
El centauro busca su olor para caer en la mazmorra
La ninfa lleva un cántaro, su luz llega hasta la llanura.

La sirena oscilante canta para la luna
Se desvive ella sola, de desvive por ella
La sirena mufa, la sirena busca ayuda
El centauro le presta sus piernas, la sienta en la hierba

Surcos en las llanuras de la piel, se jactan
Un baño químico atraganta a los seres, nuevamente
Escarlata en los labios, en los espíritus mantra
Las aves levantan vuelo, y ellos están frente a frente

Senderos de limón con sal trazan caminos
Los frutos se inflan jugosos, los gustos rijosos
Rayos de luz que entran por la retina y sale en un vicio
Unas piernas caminan, y las pieles se llenan de plata y de cromo

Dos seres, una montaña, la hoja y el agua
La mezcla de savia, una bretaña y la noche larga
Escamas y alas, un concierto de cigarras
Fuego y agua... Y el ciclo se cierra


-Con honor y mucho amor para mi mejor amiga, Rommyna-

viernes, 3 de julio de 2015

La fruta de la vida

Nuevo Mundo. Primera parte

No hace falta explicarlo, hace falta una sensación extrasensorial para saber que se está ahí. Entre el misticismo, la convergencia entre el pasado y el futuro e incluso el propio sintoísmo, envuelven la llegada de los seres extraños, sucios, torpes y hediondos que provienen del sur. 

Una vez ahí el general hubo que descargar su espada y el último bocado de aire, en un desahogo lleno de alivio y terror, abrazando la propia tierra que lo recibía como la madre a un recién nacido.  Desvaneciéndose a medida que salía de las aguas que le arrastraban hacia su seno, siguió caminando hasta que las olas ya no podían más que acariciarle las mejillas una vez que éste cayó rendido sobre la playa, sintiendo un increíble sueño una vez acurrucado en ésta. La espada no cayó muy lejos de él, a un costado suyo cerca de su pie izquierdo, en su mano derecha un retrato mojado, estaba el general sin armadura, únicamente con las ropas que le colgaban después de una noche de apacible sueño, el cielo estaba nublado, como lo están los cielos de oriente después de un Sifón, por detrás de él no quedaban restos de la ningún navío, sólo fantasmas de una tragedia y por delante de él un mundo que no conocía, un mundo nuevo.

A penas podía levantar la cabeza cuando escuchó voces que se acercaban, decían cosas que no podía comprender. Eran tres hombre, tenían túnicas grises y llevaban la cabeza afeitada, no podía distinguirlos bien pues su visión comenzaba a borrarse. En cuanto lo vieron corrieron hacia donde descansaba, le hablaban, pero no entendía nada de lo que ellos decían y como cuando uno tiene profundo sueño, vio una profunda luz, inhalo a todo lo ancho de sus pulmones y suspiró, cerró los ojos y no supo más de sí. 

Las visiones en su mente lo llevaban de regreso hasta su hogar, junto a su padre y a su madre, recordando la carne en término medio acompañada de cerveza con sus amigos, sus días de clase de ingeniería, sus clases para blandir su espada, y entre chispas y una silueta reluciente estaba su compañera, su prometida. Ahí estaba ella sentada en el parque, con su vestido turquesa, entallaba muy bien su cintura y levantaba su busto, contrastaba mucho con el carmín que se dibujaba en sus mejillas saludables, viendo los árboles y escribiendo cosas en su pequeño cuaderno y verla alejarse. Él, corre hacia a ella, y ella se aleja cada vez más, el fondo comienza a alejarse, el día se hace ocaso y los árboles salen por debajo, lo atrapan... Estira su mano en dirección de su prometida y grita su nombre...

Despertó al tiempo que escuchó cantos graves y un particular dolor en la espalda lo escupieron de sus sueños. Se encontraba nada más y nada menos que en un piso de madera, con una colchoneta muy delgada por debajo y con una sábana cálida. De inmediato, como un resorte, se levantó del piso y para antes de que pudiera buscar el retrato un dolor en el hombro lo hizo sucumbir nuevamente en el piso. -¡¿Dónde está?!- preguntaba. Miraba hacia todos lados buscando alguna rendija. Era un cuarto amplio, todo estaba fabricado con madera, Los cuadros en las puertas parecían de papel por un rincón en la obscuridad, alguien lo observaba, sintió entonces los vendajes en el hombro y en la cabeza y un dolor que no lo dejaba levantarse. -¡¿Dónde estoy?! ¡¿Quién eres tú?! preguntó a quién se le acercaba, y éste sin responder, se postró de rodillas ante él y se dispuso a poner una bandeja con alguna especie de solución verde como contenido. Sacó una toalla de entre sus accesorios,  un vaso muy pequeño y por último sacó una planta muy pequeña del tamaño de una nuez, era ovalada y con nomofilos bien definidos a lo largo del tallo, éstos de color verde obscuro y sombreado con un color rosa profundo; no tenía flor, ni semilla ni tampoco raíz, pero entonces procedió a romper la planta por la mitad, en la formación de un nudo, tomó la mitad de la planta y la otra mitad la dejó en el suelo, con la otra arrancó lo que quedaba del nudo de la planta y fue entonces que la planta se infló quedando el tamaño de una patata y viró su color de verde a kaki y perdiendo sus hojas. El extranjero quedó impresionado. Impulsado por su curiosidad pasó a tomar la otra mitad que el hombre con los párpados alargados, de apariencia infantil, cabeza rapada y con una túnica de color naranja, procedió a moler la otra mitad de esa planta tan extraña en el recipiente que había sacado anteriormente. El hombre curioso pasó entonces a repetir el proceso que el hombre con la cabeza rapada y rompió el nudo de la planta y al instante, ésta creció en sus manos ante su mirada atónita. -¿Qué es esto?- preguntó. Sin embargo, no obtuvo más respuesta que la del señor de cabeza rapada mostrándo el péndulo formado en la base de esa planta tan extraña, y a señas le sugirió que repitiera el proceso de una manera amable pues le sonreía. Pasó entonces el náufrago a romper el péndulo de lo que ahora parecía más bien ser una patata. Nuevamente, la planta/fruta creció y era tan grande que sobresalía aún tomándola con ambas manos, era ligera y sin embargo, volvió a cambiar de color. En está ocasión a un color púrpura obscuro, a su vez su forma también cambió, ya no era simplemente como una patata, ahora era muy parecida a una berenjena, se sentía fresca. Pasó entonces que el hombre de la cabeza rapada había terminado de homogeneizar su menjurje y lo vació en el pequeño vaso que descansaba a un lado de él. Se lo ofreció, y el hombre herido lo tomo con cierta desconfianza, lo miró de un color muy claro aunque no distinguió bien del color, no olía a nada... Volvió a cruzar miradas con el hombre de la cabeza rapada y éste, sonriendo de nuevo, hizo la seña para que la bebiera, y entonces la bebió. No sabía a nada, era insípida como el agua, y sin embargo el dolor desapareció y lo sorprendió un profundo sueño. Sentía tanta paz, que no le importó dormir a un lado de ese misterioso hombre que aparentemente lo había sanado.

Al día siguiente. Despertó, se sentía descansado como no lo había hecho en mucho tiempo. Salió del cuarto para explorar la casa. No había nadie. Admiraba la arquitectura  a la vez que  le preocupaba el hallarse en una tierra extraña con gente que no hablaba el mismo idioma que él. Salió de la casa sólo para hallarse en un pueblo que al parecer estaba vacío. No quedaba rastro alguno de haber alguien ahí. Todo estaba abandonado, incluso las fachadas de las casas estaban sucias con polvo. De pronto notó que ya no tenía el vendaje, y justo cuando comenzaba a preguntarse si todo lo había soñado descubrió una enorme cicatriz en el hombro y en uno de los bolsillos de su pantalón se hallaba ahí el retrato que le hizo sentirse vivo. Notó que le hacía falta su espada y regresó a buscarla en la casa dónde despertó. Ahí estaba, aún lado de su cama. Cuando se disponía a salir para ir a buscar comida encontró en la cocina el fruto extraño de la noche anterior y un poco de arroz hervido en lo que parecía ser la cocina. Nunca encontró cucharas, sólo habían pequeños y delgados palos de madera. Al ver esto se dispuso a comer con las manos. Era horrible, no sabía a nada, pero la necesidad de alimentarse lo llevo a terminar hasta el último grano de arroz. Observó aquella fruta parecida a la berenjena y la mordió, tenía un sabor increíble sui generis. Era bastante jugosa y terminó por devorarla. Quedando satisfecho, volvió a la playa a pensar en lo que haría. Se encontraba lejos de cualquier indicio de algo que él conociera. Después de pensarlo por un buen rato, y al ver que ningún navío pasaba por ahí, tomó sus cosas y partió por un sendero rumbo al norte, en dónde esperaría encontrar a algún mercante portugués o algún monje que lo ayudará a regresar a casa y explicarle a las expediciones del viejo mundo lo que había ocurrido, aunque él no recordara nada. Partió entonces sin saber lo que le esperaría más adelante, con la incertidumbre de la identidad de aquellos hombres que lo rescataron de la playa y de lo que esa planta que lo curó. 

jueves, 2 de julio de 2015

RMG

Habrás escuchado leyendas de reyes y héroes
¿Qué te haría falta? ¿Un legado? ¿Una corona?
Hadas cargan consigo eucalipto, hierbabuena y árnica
Para que ante ti, el pesado beso de sus lágrimas no resople

Una luz que tirita debajo de las sábanas
Invita a un enjambre de miedo a la habitación
Sin saber que ese mismo destello acicala mis alas
Ese destello soslaya la extinción de la llama del dragón

¿Desearías habitar cada una de mis historias?
Cada noche, aquello que cae de tu frente a tu manantial
Oscila entre mis dedos y escurre como arena, al final
Cada fibra es epitafio de alguna añoranza

Habrías de decirme de alguna escalera que dé al cielo
Una que lleve a lo más alto, con música y soledad
Viendo regocijarse a los ruiseñores a pleno vuelo
En lo más alto del cielo, rendir culto a la señora

Que en su destello apacigüe a tus demonios
Para con el negro en su mirada, salga la luz desde la tuya
Que se reverdezca el fuego debajo de las sábanas
En aquellos días redactaré a tinta de lágrimas

Sobre tu valor, sobre tu desdicha, sobre tu legado
Y ya no habrá más penumbra, ni obscuridad
Ahora estás cara a cara, tu futuro te ha alcanzado
 Seré un testigo más y un consuelo

El universo para estallar y yo, ahí para mírate…