Se acerca el penúltimo día del último año de mi vida. Media vida se me ha ido en tratar en curar las llagas con curitas y putas tristes. Y aquí estoy. No me hallo en este mundo. Dónde tengo que hacer cosas que odio para sobrevivir, y a eso comúnmente se le llama prostitución.
Cerca del puente de vigas cerca de la hacienda del rosario hubo esa brecha que me llevó a una pared. Un camino sin salida. Un eterno espiral demente que me quiere chupar la vida, los sueños, mi juventud y mis ganas de vivir. ¡Qué idiota debí de haberme visto!
Stern es una palabra de origen sajón que sirve para denominar una estrella. Tan cerca me vi de Alemania que dejé al descubierto mi incapacidad de sostener una mentira. ¡Listo! He caído en mi propia trampa. ¿Que no en la guerra y en el amor todo se vale? Y si fuera y si no fuera. Así deben sentirse las ves que viven libres. Viendo las mascotas en casas de oro y amando aún más el cielo.
El encanto de la infancia ha terminado. Mi visión está tatuada con fantasmas de personas, lugares y momentos que fueron y dejaron de ser. En veces me hacen reír y en veces me llenan de un hueco, y siento como si nunca hubiera tenido entrañas, como si nunca hubiera tenido un corazón. ¿Qué más le podría pedir a la vida? Siempre he sido inmensamente rico y nadie me cree. Estoy condenado a muerte desde que nací y mucho o poco puedo hacer para cambiarlo. La flor del optimismo me llena el cerebro de aromas embriagantes y son embargo, la luz de la realidad las transforma en bocas llenas de dientes y comisuras que se aferran a cualquier muestra de piel que quede expuesta.
Me están pintando el cabello de blanco y su cometido no llega a sacrificar a los idiotas. Al contrario, pareciera que entre más tontos sean más oportunidades tienen. Pero ¿Será el caso contrario y yo soy el inútil? Quien trata de ver verde cuando claramente lo único que hay es dolor y muerte
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