domingo, 11 de mayo de 2014

Madrugadas

¿Qué es lo que somos? ¿Hijos del sol y la luna?
¿Por qué habríamos de fijar nuestra existencia en algo?
¡Cuánto no daríamos por estar allí! ¿Cuánto mi luna?
Sábete de nichos que has puesto a la vista e ignoramos
Tragamos un dulce mascabado obscuro y risueño
Y nuestra diligencia efervece cual agua en sal
Si el polvo sobre la misma mesa que limpiamos…
Fuimos, somos y volveremos de vez en cuando a la vida.
 Aquellas memorias descritas en diatomeas
En la viruta de un lápiz, una estaca.
Vergüenza octogenaria en mi bella luna
En veces sin cara, en veces gloriosa, en veces
¿Cuántos retornos habríamos suscitado antes de haber recibido un poco de fe en nuestra humanidad?
¿Qué hemos hecho? La belleza se detona en una vida
Es tan misteriosa que unos ojos brillantes debajo de la cama
Insólitos los corazones a tardes llenas de sinsabores
Esto es lo que somos ¿Para qué? Si al final nada queda
¿Será que nuestro valor reposa en llamas de los astros?
¿Será que lo ignoran? En veces, así se le desea
Con gran arrogancia se deposita en nuestros rostros
Algunos tan grandes, que no caben dentro de sí mismos
Duelos de sangre se derraman en su templo ¡Oh mi gran señora blanca!
¿Los hijos del sol? ¡Nunca más! ¡Nunca más!

Antes de contemplarlo, resplandeceré en un inefable destello...


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