Cuando el destino nos alcance, bailaremos bajo la cándida luna que nos cubrirá vívida con el letargo de su luz. Escapando de las balas de aquel devastador, será el más perfectos de nuestras vidas y no habrá más necesidad para escondernos.
No volverá a haber lugar para dudas por que iremos sobre la penumbra sin tropezarnos para que no se nos ocurra mirar hacia atrás y si la circunstancia lo amerita que lo hagamos, nos miraremos y reiremos por la simplicidad de nuestras vidas.
Cuando el destino nos alcance nuestras almas se fundirán en una misma y las fatalidades no serán más, tanto tanto amor que no hará falta inspiración. Cuando descubramos el misterio de la onomatopeya de nuestros corazones, tan ebrios de cariño y inocentes del dolor.
Cuando el destino nos alcance, no esperaremos más a las casualidades por que en nuestro camino no habrá más tempestades, ni habrán más distracciones, ni banalidades. Dejaremos de ser tan superficiales y no habrán más misterios del amor, llegará con cada luna. Los sueños, no lo serán más porque estaremos en ellos en la eternidad pero... Sólo será...
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