domingo, 18 de febrero de 2018

El ataque de los pendientes oníricos

Se congratulan en un foro maltrecho, apretado y obscuro todos los personajes nefastos que alguna vez formaron parte de mi existir y que de alguna manera plasmaron en mi psique un tremendo repudio y miedo.

Me senté hasta adelante del gran auditorio junto con Zeltzin para escuchar las peores sandeces de las que la ciencia pudiera saber. Cosas tan incoherentes, ilogicas y sobretodo aberrantes de las que tengo algún recuerdo.

Así la presentadora expuso uno a uno los proyectos de todos mientras en mi mente se repetían escenas de otras vidas, otros momentos y otros lugares. Me encontraba cómo es de esperarse, ausente e indispuesto para estar ahí. Y fue el turno de mi amiga. Qué siendo atacada desde el principio por el extenso título de su tema fue disolviendo las dudas de los presentes con gran vehemencia. El jurado, expectante. Resolvió como suele hacerlo, con una increíble labia y por supuesto su incrustrante manía por repetir sus puntos por lo menos tres veces antes de proseguir.

Mientras tanto yo, solo podía pensar en la razón que me llevó a estar ahí. "Espero que no pasen por mí, no tengo nada preparado. Incluso, ahora que lo recuerdo, yo ni siquiera he terminado el trabajo". Me decía a mí mismo mientras la exposición de mi compañera estaba concluyendo. Estaba cada vez más nervioso pensando en el momento que fuera mi turno. Los veía a todos y pensaba en lo tonto que era que fue escuchar los seminarios de todos los tontos de ahí, que do basura y el mío no pudiera tener una solución.

-Disculpa, ¿tienes listas mis cosas? He venido por ellas- una voz conocida entraba por mis oídos y sentía como si un rayo me llenará de electricidad. Giré mi cabeza hacia la izquierda atrás de dónde estaba sentado y la vi. Tan normal como siempre. Con su playera blanca de pandas, sus jeans azul claro, sus convers verdes, su cabello suelto recién despuntado y su semblante rígido, sencillo sin maquillaje. De inmediato noté cómo mi gesticulación viró del hastío al azul de tristeza y una vez procesadas sus palabras en mi mente me puse a seleccionar sus cosas para entregarlas.

Un día antes lo había tenido todo preparado. No podía ser mejor. Habíamos reunido, por fin, el dinero que le debíamos. Por fin podía llevar mi barco sin retorno. Con la facultad de expresar mi destrozado pesar que no quiere volver jamás. Y eso aún lo dudo. En finanzas que con el último cabo atado, pude dar las gracias por todo y terminar de enviar las cosas que me seguían atando y me siguen haciendo daño. Especialmente cosas del mundo digital. Esperaré a que esté abierto de nuevo el umbral. Total, que ya he esperado 126 días en ayuno. Nunca había tardado tanto. Y aún sigo contando.

Buscando entre sus cosas encontré cosas que no eran de ella. Y habían algunas ocupando los asientos del auditorio. -toma, aquí las tienes- le decía mientras seguía seleccionando cosas que pensé que eran suyas. -esto no es mío, ni esto. Yo ni siquiera toco la mandolina- replicaba a la vez que me iba devolviendo las cosas. Una lapicera, una mandolina y una mochila que juraba que eran de ella. -¡Ay! ¿En serio? ¿No son tuyas?... ¡Oh claro! Perdón- la mandolina era de Abigail, la lapicera de Alejandra y la mochila... No recuerdo de quién era la mochila, en mi mente sé que sí pero ahora no lo recuerdo. Aunque sí sé que no es de alguien que yo hubiera conocido aún.

Una vez que le devolviera sus pertenencias, se marchó. Así, sin más, sin dirigir la palabra, sin decir adiós. Me encontré en mi cama una vez más solo. Con un enorme sentimiento de ansiedad. Pensando ¿En qué maldito universo sería capaz de volver a ser yo? Ya no es posible aquí. ¿Cómo voy a ser el mismo? Si ahora lo veo todo con los ojos de ella. Sus triunfos, sus sueños, sus miedos, todos. Pero lo peor es que lo veo y no sé quién soy ahora. La proyección que ella dejó en mí, parece que era de mentira y no sé en qué punto empieza la realidad y en cuál comienza la desdicha. Sin duda que será algo de lo que no recuerde por la mañana, cuando olvide todo y comience otra vez de cero. Después que logré sacar la sangre del absceso de mi pierna derecha. Tal vez después de eso

No hay comentarios.:

Publicar un comentario