lunes, 8 de mayo de 2017

Pasividad

Era un día como cualquier otro en el que la lluvia había hecho una prisión para sí. Mientras se perdían en el impacto de las gotas en la acera. Su cuerpo, tirado en la cama mirando desde la ventana mientras las arañas que le acompañan en el cuarto se le subían a la cara. Inerte, se perdía en pensamientos que no llevan a ningún lado. 

Al principio, quizás...

Podía escucharse el maullar quejumbroso de los gatos hambrientos de la calle. Exigiendo atención. Perfuman con su ano todo el cuarto y le llenan de pelo las sábanas. Las redes de las telarañas le pegaron a la cama y el sonido de la lluvia terminaron por liquidar lo que quedaba de su ser.


El final, tal vez...

No podía creer todo lo que cedió. Su imperio de sangre. Lo había dibujado con tanta pasión que hasta llegó a creérselo. Y ahora, no podía ni moverse. Incluso los párpados los tenía pegados. Debajo de las lagañas y los capullos, sus pensamientos le seguían gritando. Quién sabe qué. 

-Es un síntoma de esquizofrenia, ¡Seguro!- Pensaba entre sí, mientras el peso de los animales dejaban la cama y daban paso a las voces aullando en su oído, muy cerca de su instinto de supervivencia. Pero de lo que era esa maraña de cosas terminó siendo un capullo nuevamente, no se movía ni un cabello.


-Pronto despertaré, e iré con un médico. Esto no es real, ¡Esto no es real!- Los gruñidos se le subían por las piernas y se sentaban a comer algo húmedo en su pecho. Y cuando hubieron hecho lo que sea que iban a hacer, se fueron. Dejando zumbidos en el corazón. Remembranzas que calan en la piel... Que arrancan el pecho y no te matan. Ya había oído hablar de cosas parecidas, pero que sin duda no habrían sido la gran cosa. Pero ¡oh no!

-No me inmutare, esto no es más grande que yo
-¿Eso crees? Porque... Seguro que no tienes la razón. Ya alguien te había dicho que pasaría
-¡No! Sólo fueron cuentos. Esas cosas dependen de uno. Se hacen más fuertes mientras más importancia les das. ¡Ya verás!
-Y entonces... ¿Por qué sigues hablando sólo?

Se encontraba en el límite. Más bien, aquello ya estaba por mucho más allá de lo que podía manejar. Ya era tarde. No podía hacer nada más que lo que la tierra pudiera mover en un temblor, ocasionalmente. Sus miedos lo habían petrificado y sus amores le llenaron de pelos la lengua. Así era, era el fin... 

Aquel último recuerdo llegó, sólo para decirle una cosa

-Hasta mañana 

Sonriendo, le tomó por la mejilla y le dejó despertar. Una vez más, al borde de la cama. Pensando en lo que le esperaría se contó una vez más...

-Esto no es más grande que yo 



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