martes, 2 de mayo de 2017

Luna de sangre

Un solemne e irónico encuentro, tan vívido, tan entrañado. Recordando como si hubiese sido ayer y han pasado tantos otoños de aquello. Buscando entre los recuerdos, antes de que llegara Pandora encontré entre sombras vestigios de aquel encuentro. En aquel entonces, no tenía caso, vivíamos en jaulas diferentes... Sólo no.

"La salida" fue entrar en nuestras respectivas jaulas. A terminar de figurar lo que nunca pudo llegar a inmacularse. A hacerse cargo cada quien por su parte de los asuntos suyos... Individual y colectivamente. Por mi parte siempre sólo... Así siempre llego más lejos... Llegué a ir muy lejos y ahora lejos me quedo.

Es la misma habitación, el mismo espacio, el hábitat donde todo esto se engendró. El lugar de donde saltaba el mar en los bosques, un baile de salón y el salón de baile que era llenado con recuerdos gratos y exquisitos. De fechorías y travesuras... Un lugar donde ahora se queman a llamaradas las expectativas de un futuro que no llegará... Y el humo lleva consigo las cenizas matando un cielo verde... Cielo negro.

Los cimientos de aquellas miradas se ven fundidos en el mar que se ha vuelto fuego... Es tan extraño tener frío y calor al mismo tiempo, se siente vacío, se siente soledad. Se siente vergüenza, miedo y desesperanza... Buscando en aquellos ojos lindos la mirada que tanto amaba... Aquella mirada que se encuentra ahora en espectros de madrugada... Sólo recuerdos.

Ardiente al principio y que hoy en día está optando por coagularse. Ese llamado que fungía como punta de lanza para matar los grandes temores y las pesadillas se vuelve ahora contra nosotros, atravesando nuestros corazones, lentamente.

En un rincón del destino se depositan todas las carcajadas, las carcajadas de los sonidos musicales que hacíamos sin saber, que llevan eco en la eternidad, en la inmensidad, a la orilla del mar, la esquina del mar prodigiosa donde pretendemos enterrar todo aquello que dijimos y que tal vez nunca haremos, no con nosotros mismos y nuestra fragata naufraga.

Una trampa que han puesto en conjunto la vida y la muerte. Una broma cruel... Y una gran tentación terminó por ser todo. Ser infinita alegría, y ser la causa de la gran culpa. Y estallamos ahora.

Sinsabores colapsan las estructuras oníricas de los mecanismos del sueño. Voces temibles surgen por debajo de la cama, por debajo de la almohada, dentro de uno mismo. Todo lo que uno nunca quiso ser y lo es. Lo que siempre se negó. Uno siempre busca la salida fácil. Está vez, no. Pro en está ocasión resulta un daño irreparable. Un daño que quebranta la conciencia y la razón. Un algo que hace ponerse 4 cobijas, levantarse quitarse 2, levantarse y ponerse 1, quitarse todo. Quitarse almohadas, quitarse sábanas... Quitarse la piel. El gélido vórtice del huracán de blasfemias taladran en la cabeza, perforan la mente. Y el viento del norte es abrasivo si encuentra resistencia y desgarrador cuando se entrega.

La herida abierta vomita la vida, excreta a través de ella todo lo que llegó a vivir tan cómodamente. Ya no ríe, ya no late, ya no siente. Está muerto. El silencio le sirve de epígrafe para describir lo que de la boca intentaba salir para arreglarlo todo. Un grito de agonía, un grito de muerte.

Comen lágrimas. Cielos rojos

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