El alba había hecho sonar las sirenas en el corazón
Mi raza moría con el día mezquino y fútil. La noche me arrebató el último latir de mi amor. Esa noche se lo llevó todo. En una simple batalla, una sencilla batalla se llevó la guerra. Todas las divisiones, regimientos y ejércitos perecieron. Se perdió todo el territorio, el cielo, el mar y la luz. De nada sirvió crear grupos especiales, infantería, caballería, unidades de caza, marina... Nada.
Ahora en la noche solo se escucha el sonido de la ejecución de todos los que resisten la derrota. Uno a uno van cayendo y su sangre vierte en las calles hediondas su vida. Sin duda, la resistencia más violenta, ruin, obscura y duradera que se ha librado en esta vibración. Una de la cuál, no tiene dueño ni sueño, no busca amantes ni compañía... Su último soplo espera cantar Seemann en la noche amarga y fría del mar.
La diversión, se terminó. Es todo
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