Aquí está...
Se puede aglutinar todo el manjar de sus etéreos frutos entre el fondo de la nariz y la garganta. Aquél por donde pasan cientos de litros de oxígeno a los pulmones y millones de sustancias químicas a través de las glándulas olfativas. Se traducen y se transforman en pedazos de impactos eléctricos que embisten con beligerante elocuencia en el cerebro, en el pensamiento y derrumban la razón.
Sentando al filo de la cama, con la circulación de las piernas entre cortada, su mirada se pierde en la nada. Su cara revela triunfo y sus ojeras por mucho anuncian el esfuerzo que valió todas las penas. No hay arrepentimientos ni remordimientos. Sólo aquella sustancia etérea en el aire, en su nido, en sus alas. Puede volar, la siente. sus plumas se han incrustado en su espalda, en su cuello, en sus brazos.
Mira el lugar del encuentro casi bélico y su vista se nubla, como los pantanos por la madrugada y su mirada se vuelve negra azulada como el plumaje de los cuervos. Arquea la columna y vislumbra en las nubes numerosos recuerdos que arroja la memoria a corto plazo. Repite el recuerdo una y otra vez. Aunque esas repeticiones son como agua y se evaporan pronto, no se desaprovecha la oportunidad de tener el agua escurriendo entre sus manos.
Entre los pliegues interdigitales se guarda su espécimen. Él lo sabe, no le dejará morir tan fácil así que simplemente se recuesta boca arriba a mirar las estrellas que el mismo construyó para su señora, y ella aparece. Lo mira, le habla bonito, él, no se resiste y sucumbe enamorado ante sus resonancias serenas, mágicas y sensuales. Le extiende su mano y se desvanece. Se incorpora y le encuentra sentada junto suyo. Hincha los labios para prenderle de amor y tan pronto como se forman las sombras si imagen se desmaterializó.
Sólo tuvo que cerrar los ojos... Sentir en sus manos sus cabellos. Bastó con oler su esencia etérea para que supiera que ella estaría ahí por siempre. Para ser de sí exclusivo de ella. Para bien y para el mal. Siempre. Bastó cerrar los ojos para verle ahí con él. Bastó con cerrar los ojos por siempre.
Me encanta la manera en la que hablas de lo que ocurre día a día, es usted un experto en las letras
ResponderBorrarTengo una fuente de inspiración infinita
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