jueves, 22 de octubre de 2015

Fe

Fe, punta de flecha que quisiera enterrar en el corazón de todos mis miedos, decepciones, tristezas y una que otra mente cerrada como la concha de una almeja. Tan dogmática a veces y tan necesaria siempre. Sentimiento maldito e incomprendido que viene a nosotros cuando menos atención prestamos y que huye despavorido en cuanto más lo necesitamos.

Funciona como una cuerda, soga o lazo. Su terminal, dependerá tajantemente de su destino y será tan larga y enredada como el interlocutor lo deseé. No importan los bandidos, las espinas, la sequía porque incluso dentro de un obscuro bosque basta con cerrar los ojos y sujetarse fuertemente a aquella soga y seguir su rumbo sin parar, sin importar las telarañas en la cara, el fango en los pies y el hambre en el estómago. Aquella guía siempre te guiará de vuelta

Habiendo tantas cuerdas de fe tiradas por el mundo es fácil perderse cuando están todas tiradas en el piso y enredadas entre sí que los islamistas buscandoo a Mahoma llegaron con Moctezuma. Por eso a veces es mejor abrir los ojos y saber qué cuerda se está sujetando. Uno no exhorta a soltar aquellas cuerdas, sino ver a través del camino para así aprender más de él.

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