Un puñado de polvo, levantado al cielo. En su encierro furtivo, la luz de tu sol. Las guirnaldas vacilan entre los bienaventurados que recogen de su polen, la miel. Sanadora es la luna y sus pecas. Llegan ante mí como flores. Capullos que abren sus labios jugosos y sin decoro el pistilo arrinconado muerde corazones y deja almas libres. Ante la gente su estepa verdosa coloreada de niños de morados sus labios llenaron el escenario. Una fábula ha emprendido el grande discurso de quién mora entre tumbas y memorias muertas. Vuelve a mí otra vez, espera a que te diga que esta vez seré yo quien te rechace. Y una vez más serán de mi entre mis pieles de algodón y de lino. Una vez más entre mi sien
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