Vuelvo y bebo agua. Aún así tengo sed.
El calvario ha vaciado su color en el cielo celeste
Haber tocado el cielo para preguntarle la vez
Está vez, la niña ha pedido que me quede
Me mira a los ojos mientras caen las hojas de Maple
El bendito brillo en sus ojos, brinca en mi cara
Habíame negado la marca de sus uñas entre mi piel
Todavía hay botones de alcatraces en el jardín
Excelsa majestad, devuelvame la cordura otra vez
Pudiéramos dejar marcada nuestra historia
Ante lo notorio de piedra y mármol
Ciertamente estoy feliz con su companía
Idílica fruta que ha puesto en mi boca
Entre cortinas de humo, guardamos la sed
Hay que negar ahora el beneficio de la duda
Aún hay mucha vida en el banquete por comer
Excelsa reina, vuelva a mí con su mirada y su ternura
Ninfa divina, tus manos han de ser guardadas
Incrédulo es aquel que piensa que no me ama
Niña, sus deseos, sus caprichos que voy a cumplir
Moriría ante cualquier cosa, ante usted entregar mi rosa
Ahora y nunca, aquí estaré, por siempre suyo
Más ese brillo en sus ojos, arrebata las flores
Debe ser la voluntad de quién cree que fueron mías
De antemano, entrego mis ojos soñadores
A cada estrella de le concede un destello
Bueno sería saber, la incandescencia de su ser
Intuyo mientras tanto, así tenía que ser
Todavía hay promesas que cumplir
Zalamero y cursi, dedicado solo a una reina
A los iridiscentes e inéditas gemas que trae por ojos
Nuevamente la reina obedece a lo que dictan las flamas
¡Soledad! Después de ti, para mí ya no hay nada
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