"Si muero primero que tú, yo acá te espero"
Tendría la oportunidad de vagar sin rumbo en el inframundo esperando. Escuchando los pasos de alguien que entre el eco de la húmeda caverna se avecina. El soplo inmundo que cubre la silueta de la espina hasta la nuca te recordará de aquellos a quienes se dañó en su momento. Como consecuencia de los hechos. Los sonidos confortantes son aquellos provenientes de las gargantas que cantaban el son de una canción de una nación, de un mismo sentimiento, de una misma patria, alguien con quien es bien recibido cruzar el Mictlán. Alguien que si se fuera primero esperaría del otro lado. Más allá de este mundo. Más allá de lo físico o tangible.
Algún espectro que dentro de un cuerpo mortal me rompiera el alma en pedazos para rehacerlos a su forma. Energías que van, energías que vienen. Energías más, energías menos. Tendiendo como siempre, hacia el equilibrio dinámico. Tal y como el creador de todo lo llegó a ordenar una vez, en su desorden. Brazos que se cierran como pinzas quebrantando los males. Unos brazos que vencen a la muerte, la codicia, el egoísmo... Los brazos puros te arrastran al equilibrio... te llevan alto muy muy alto, y aunque existe el temor a las alturas las nubes soslayan a la tranquilidad, la serena en el minimalismo acústico de una tarde nubosa... energías, energías.
Los libros que yacen en el recuerdo diurno de una vida sin fin, se diluyen con el pesar de los segundos, sí, con el pesar... Porque más pesa el hombre que debe caminar más escaleras en el correr de los años. en su paso por el mundo porque debe dejar algo a cambio, nos guste o no. que se recuerda, fuerte, invulnerable a los encantos del mundo. Y ha caído una vez más, la simpatía con el diablo. Uno no muere por sus pecados, se muere en vida al vaciarse el alma en nimiedades, en cosas que van y vienen y no en las que se quedan por siempre. Hasta el final.
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