lunes, 16 de junio de 2014

Me fui a buscar otro sol

Un ligero desliz... Aguarda que tome fuerza. Espera que crezca y se entumece. Maullidos que suben por unas escaleras frías y solitarias en una noche nubosa y húmeda. Terca toca la puerta, exige su entrada cual fragata británica en un muelle que está por conquistar y se redime a ser un grito de auxilio ahogado en la noche.

Pero en el cielo no hay mar, no en el mío. Quizás deba buscar otro puerto y zarpar en mi balsa de basura esperando encontrarme en medio de la nada... Entre el agua y el sol... Entre ahogarse y arder... Entre delfines y medusas... ¿Habríame de sentir enfadado? No es exactamente el mejor clima. La línea que dibujaba tierra firme en el horizonte se ha ido y no hay retorno, no hay misericordia, no hay retracción... Es hora de buscar nuevas tierras.

Bien sabe el sol que no me gusta pedir favores las manos que sostienen mi balsa lo saben. Heme aquí, buscando otros soles, buscando canciones y estás manos lo sostienen. Ahora es tarde y no se dibuja más que el azul del mismo horizonte. Ahora se ve cómo la balsa de desbarata, no se puede explicar y las trémulas aguas y esto, a final de cuentas te deja entre la obscuridad infinita de una noche en el mar y la obscuridad de las profundidades de un mundo que es menos conocido que las estrellas... Entre obscuridad y obscuridad, ¿Qué prefieres?

Serán sólo sonetos que las sirenas entonen con sus gargantas afinadas, mágicas y malditas, pero ninguna en su más alta nota podría hundir mi fragata. Y las miles de noches curarán mis solares hasta encontrar aquel sol.

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