Pocas historias cuentan lo que hay del fuego en su misterioso descubrimiento. Alardean que fue por accidente... Cuando se descubrió el fuego la humanidad descansaba en su caverna con las pieles de animales cubriendo y protegiéndoles del frío...
Una vez por la madrugada Niklas dormía en su agujero. era plácido aquello, un sueño profundo, resguardado cálidamente entre las pieles de los felinos que alguna vez quisieron devorarlo. Dormía profundamente y parecía que nada podía despertarlo. de un momento a otro, avisando quien quería invadir la parte de la caverna que a él le correspondía, llamándolo:
-Niklas (susurrando) ¡Niklas! (susurrando un poco más fuerte) ¿Estás despierto?
Era el "morador de las tinieblas" y aunque el título pueda conferirle dotes de ser el diablo, realmente era el único de la tribu que no se atrevía a salir de la caverna. Pasando sus ratos en vela contando las gotas de agua que escurrían por entre la cueva, cultivando setas y coleccionando insectos en su respectivo agujero. su nombre: Viator.
Seta había tenido grandes experiencias durante la caza, a pesar del defecto de no ver bien su puntería era guiada por su gran sentido del olfato y el sigilo. Pronto conocería a una guardiana, como aquellas que flechan el cielo con su mirada, de cabellos rojos como las bayas. Ambos se complementaban muy bien. Él, le mostraba los métodos para liquidar las fieras grandes con el menor esfuerzo. ella, le enseñaba todas las maravillas ocultas entre las hierbas, en sus sabores y en su humo. La herbóloga respondía al nombre de: Bay.
Viator y Bay pasaban tanto tiempo juntos que comenzaron a aislarse del grupo. Sólo ellos habrán sabido lo mucho o poco que hicieron juntos dentro de aquella bóveda húmeda y obscura durante tanto y tanto tiempo. Nunca habrían tenido otro contacto con ningún ser humano hasta su contacto con Niklas, en esa madrugada.
Niklas por otro lado, comenzaba a aprender los secretos de la caza a la par que siempre se hacía las grandes preguntas. Su gran defecto de siempre fue tener grandes ideas, de aquellas revolucionarias y evolutivas que podrían cambiar el curso de la tribu y del mundo entero y luego olvidarlas mientras contemplaba las estrellas por la noche. La luna era su mayor amor, y cada noche de luna llena iba y le entregaba astromelías, dejaba una ración de su comida, brincaba (intentando danzar para ella) y gruñía (intentando cantar para ella) y se quedaba dormido fuera de la caverna. Muchos eran los deberes que tenía en ese tiempo como para darse un tiempo para él, hasta esa madrugada en el que estaría tan cansado que no despertaría... Aún después de varios días durmiendo.
-Está bien muerto, entremos- Viator invitaba a Bay. Los invasores entraron yendo directo hacia la cama de hojas y pieles que Niklas había fabricado para la hembra que el pretendía. Seta se acercó hacia, lo que parecía el cadáver de Niklas, y le arrebató una de las pieles de leopardo favoritas de Niklas, el cuerpo de éste, rodó por la pendiente quedando cubierto y enredado entre sus abrigos de modo que su rostro le permitiría ver perfectamente en dirección a la cama de hojas que había construido. ¡Claro! Si hubiera podido abrir los ojos. En ese momento, Niklas, se encontraba despierto, pero no podía abrir los ojos. Una condición conocida en nuestros tiempos como "Parálisis del sueño". Niklas, era perfectamente consciente de lo que estaba ocurriendo. Sin en cambio, no podía abrir los ojos, ni hablar, ni siquiera podía mover la punta del dedo meñique. No podía moverse en absoluto, lo único que podía hacer era respirar agitadamente y escuchar.
Su aliento agitado sólo podía confundirse con el jadeo de aquellos que por estrés hormonal habían hecho lo que cualquiera hubiese hecho en su lugar. Séase lo que fuera que estuvieran haciendo. Niklas, se encontraba tan indefenso, tan lleno de miedo y resentimiento que pudo haber muerto realmente de un paro cardíaco. Aunque prefirió adaptarse y sólo dejar que el efecto de los transmisores eléctricos de su sistema nervioso se actualizarán entre que podía hacer algo nuevamente.
Una vez terminado el conflicto de sangre de aquellos perpetradores se dieron a la tarea de dormir únicamente. El inmóvil, también se tranquilizó y pudo concentrarse mejor para intentar dormir de nuevo y reiniciarse (algo así como apagar un equipo eléctrico y volver a encenderlo para ver si funciona de nuevo). Entre sueños, podía verse a sí mismo, tirado en el suelo, envuelto como un regalo de navidad (aunque ésta última no existiese como la conocemos actualmente) entre abrigos de pieles, tierra y un poco de hojas y ramas. Era como si su alma se hubiera desprendido de él. Todo lo que tocaba, desvanecía. Sentía que flotaba en aquella cueva iluminada sólo por la bioluminiscencia producida por la acelerada actividad metabólica de los organismos fúngicos que devoraban los restos de comida y basura que Niklas había dejado.
De pronto, Niklas (su espíritu, su sueño o lo que sea que hubiera sido) levantó la mirada hacia lo más profundo de la gruta al escuchar una voz. Desde lo más profundo. Lo llamaba, decía su nombre, lo susurraba y el eco lo repetía.
Hacía algunos días, habría tenido un sueño. Donde una mujer, una diosa habría llegado a el desde el cielo nocturno hasta su presencia. Pidiéndole adorar a la naturaleza, y que rezará por ella por medio de una piedra. Pero no era cualquier piedra. Era una piedra de río, de color azul obscuro, porosa y con la figura de un sacerdote con penacho de plumas de un ave precioso levantando un corazón sangrando en llamas, hacia el cielo. Niklas habría relacionado aquellas formas con un incendio ocurrido hacía mucho tiempo en el bosque. Podría recordar cómo el fuego devoraba todo: los árboles, los animales, las armas de madera que usaban para cazar... A sus amigos. Él lo tendría bien presente. Al despertar aquella vez, de aquel sueño, gritando un alarido que ensordeció al grupo, puso en marcha las actividades que tenía conferidas. Durante un viaje de exploración hacia el sur, se perdió del grupo para dirigirse el sólo a encontrar frutos para el sólo. En cierta medida le cansaba tener que compartirlo todo con compañeros que hacían igual o menos que él (regularmente más menos que más). Era muy observador y a falta de un sistema de escritura bien definido únicamente se conformaba con los austeros y abstractos dibujos en los que pretendía anotar algunas de las características de la naturaleza tales como: morfología vegetal y animal, astronomía, técnicas de supervivencia y consejos de caza, rutas en el bosque así como organización política y características de sus demás compañeros. Aquello habría significado la primera enciclopedia de su época y sin embargo el mayor dote de información se hallaba en su cabeza. Dado que no contaba consigo, su antología (piedras y souvenirs) emprendió el viaje hacia el sur, a la zona de los pantanos, de donde le era bastante peculiar las espontáneas exhalaciones de fuego que podían notarse desde su madriguera, en las cuevas del norte. Rara vez habría ido ahí así que aprovecho y peló bien los ojos para prestar atención a todo lo que ocurría. Todo era maravilloso porque era nuevo y no comprendía muy bien lo que ocurría ni cómo funcionaba ese lugar.
De aquello nada le molestaba, ni los reptiles de hocicos gigantes y dientes afilados, ni los enormes insectos que eran del tamaño de su cara. Él anotaba todo en notas mentales y dibujaba formas con el lodo sobre su piel para anotar lo que él sentía le sería difícil de recordar. Anonadado no especuló que había pasado tanto tiempo que su grupo notó su ausencia y comenzó a buscarlo por todas partes. Habría pasado todo el tiempo buscando aquella incandescencia que tanto buscaba de nos ser que estaba maravillado por toda la vida y la no vida que había allí, muy por encima que el olor de ahí era bastante peculiar, le recordaría los concursos de pedos que hacían en la caverna los días lluviosos que era muy difícil salir a cazar. Él buscaría incansablemente la procedencia específica de ese olor, imaginándose traseros gigantes de animales gigantes o... Algo más. En su búsqueda, se hacía tarde y un cazador, el menos hábil de todos "Carac" fue a dar con Niklas en medio del pantano.
-¡Niklas! Te están buscando todos por todas partes ¿Qué haces aquí?
-Aprendiendo de... Buscando nuevas plantas y raíces que sean comestibles
-Aquí no encontraras nada. Vámonos
-Aguarda un poco, aún no encuentro...
-¡Lo encontré! ¡Aquí está! ¡Vengan!
-¿Que no entiendes? Podemos dejar de depender del volcán si nosotros mismos podemos crear fuego.
-No digas locuras. El fuego es cosa de Dioses. Además, caerá una tormenta gloriosa que ha de inundar el pantano. Debemos irnos
Fueron llegando los demás cazadores y aguardaron a estar completos para irse. Niklas estaba bastante frustrado debido a que tendría que depender de todos para salir a alguna expedición siempre. Lo que a la larga no le permitiría aprender adecuadamente el funcionamiento de las cosas que el quería aprender. Mientras tanto, y pese a que no sabía contar muy bien, sabían cuando alguien más les hacía falta y en este caso faltaba Napol, otro nómada del norte que como Niklas llegaron con sus familias a esa tribu antes sucumbir ante un extraño mal que los hacía pálidos y toser sangre. Napol faltaba y comenzaba a llover de a poco. El resto de la tribu se dividió para buscarlo, Niklas junto con Carac, y el resto en parejas como lo habrían hecho al principio de no ser por que Niklas se hubo separado del trío en el que iba. Siendo que todos debían ir acompañados. Comenzaba a llover más fuerte a cada momento que pasaba y caían relámpagos más de lo que se pudiera esperar, más que otras veces. Aquella situación se estaba volviendo completamente crítica, y con la culpa de Carac de haber dejado Napol para encontrar más rápido a Niklas y con el sentimiento mayor de culpa de Niklas de que hubiera tenido que provocar todo eso no cesaron de buscar, hasta que en un costado de una enorme piedra lo vieron, estaba ahí tirado con las piernas y brazos extendidos con la mirada perdida. Corrieron hasta el pero no respondía, estaba frío como el agua de la cascada por la mañana y a ello notaron dos hendiduras en el tobillo derecho de Napol. Aquello habría sido obra de un animal ponzoñoso. Todo estaba perdido y había que regresar con el resto cuando de pronto un rayo de luz corto por la mitad la densidad del agua de la lluvia para caer sobre el pantano. Aquello resultó en una enorme catástrofe, el enorme estallido hizo volar a Niklas y a Carac por los cielos y haciéndoles caer un tanto lejos, tras de sí en donde habría ocurrido eso, columnas de fuego saliendo del pantano fundiendo la gran roca en donde yacían los restos de Napol, habría sido un cruento descubrimiento para Niklas de no ser porque al querer compartir su emoción con Carac, notó que este tenía una punta de madera atravesando su corazón. Niklas, no se resignaría pronto y cargando consigo el cuerpo de Carac se dio cunta de que su espalda estaba quemada pues le ardía inimaginablemente terrible. Cargo su cuerpo a contra reloj pues el estruendo del relámpago comenzó un incendio en el bosque y muy por encima que se piense que no podría provocarse fuego mientras llueve, habría de considerarse que el bosque estaba lleno de brea, altamente inflamable, y Niklas se percató de ello en un instante de iluminación que el solía tener. Corría y el fuego le alcanzaba. Pedazos de carbón se le adelantaban y le quemaban los pies cuando pisaba hasta que llegó al río y ahí se refugió. Un resultado faltal para Napol y Carac. Un resultado más faltal para Niklas quién tras esto no hacía más que dormir en aquella caverna, casi sólo, de no ser por la presencia eterna de los enamorados moradores de las tinieblas.
En aquel sueño Niklas fue a la entrada de la cueva donde la voz lo llamaba. Entendiendo, a su manera el mensaje que aquella dama de cabellos blancos y aura dorada le pedía, irse. Niklas despertó. Y partió de aquella cueva de donde solamente tomó una punta de flecha y un arco, para ir rumbo al norte. Habría sido aquello insignificante motivo para irse pues había una familia entera molesta con él por la pérdida de dos de los integrantes de la tribu. Niklas simplemente no pudo más con la culpa, y en sus sueños encontraba un consuelo para empezar una vida de nuevo, lejos de ahí, para continuar su estudio de la naturaleza sin que nadie saliera herido por aquello. Todo estaría bien si la dama de Cabellos Blancos le acompañara, aún en sus sueños.
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