miércoles, 2 de julio de 2014

Poema nueve

No alcanzo a comprender la ambigüedad hallada bajo el túmulo sombrío de los sueños. Más debajo, donde no conozco a mi propia persona. Podría gritarse pero ya se ha dicho antes ante una guinda escarlata que escurre, cuando los relojes se paran y soles se queman.

Los mismos pensamientos, los mismos sentimientos cantan en coro y como si nada se conjuga un grupo silencioso. Ahí mismo un habitual recuerdo, una criatura entrañable triste en el tiempo. Espera y espera.

Los sueños se encuentran casi como si pudieran tocarse. Entonces el ambiguo conjunto silencioso relincha y los separa. Ahí en donde la delgada línea en donde termina la conciencia y empieza el verdadero deseo... donde el "yo" oculto se desnuda, no hay ningún "superhombre" sólo el caos.

Tesoros aromáticos de canela y chocolate; los arpegios, los redobles; un beso de ángel. Los días se reciben, se agravian por lagrimales, como un dragón escudriñado en el fuego de su ira. Esa máxima sensación inocente, puro como blanco de hospital.

La avanzada noche seduce para estar con ese "yo" a solas, un rato. Aquellos sueños se encuentran como no sabiendo lo que hacen, se abrazan y se besan, pero son sólo sueños, de esos en los que preferirían que aquel conjunto no relinchara.

Si uno, está el otro va (necesidad), se elevan plegarias para no separarse y se dicen a sí mismos: "Si esto es un sueño, no me despiertes. Si estoy despierto, no me dejes dormir". Temerosos al revelarse escenas no se saben dónde ir y se encienden las sirenas, se olvidan de sí mismos.

¿Dónde más se podría estar a salvo? Los sueños traspasan la muerte, se saben de no poder estar separados. Un error puede convertirse de súbito, de una decepción a una herida mortal. aunque muertos seguirían ambiguos bailando y cantando en la eternidad.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario